Amor, que entre tus llamas vivas mi espíritu de emoción ardía
consumido en el álgido afán,
al evanescente azul de los luceros.
Hoy, que su rayo de luz ya no me alcanza
como un haz de centellas.
Seré como la luna,
andaré discreta por los cielos ensombrecidos del presente
más llegará un momento
que habré de pactar con ella y retornar a las sendas
donde antes florecían las amapolas.
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