miércoles, 27 de junio de 2012


“Vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte”
Konrad Adenauer

DISTINTOS PUNTOS DE VISTA, relato escrito por: Ana Vadillo

<<Cuando tú llegaste al tanatorio, todos volvimos la vista hacia la puerta, al verte.   Algunos de los presentes te saludaron haciendo un gesto con la cabeza, silenciosamente.
Tú no te molestaste en devolver el saludo. No mostraste ninguna señal de aprecio por su atención, no te dignaste corresponder; sólo me miraste a mí, descarado, provocativo, desafiante. Quizá los demás, no advirtieran ese gesto, pero yo sí. Me retabas con los ojos, con la seguridad de que me abalanzaría sobre ti haciéndote reproches, proporcionándote la justificación perfecta sobre tu impropia conducta, pero no caí en la trampa conociéndote como creía conocerte. Seguías con la misma actitud irreverente característica en ti. Tu posterior comentario confirmó mi intuición>>.
- Qué sitio tan inmundo ¿No había otro peor donde tener a mi madre de cuerpo presente?
- Hola, hijo. ¿Qué tal el viaje? Estás igual, no has cambiado. Tampoco tu desfachatez. Ni en estos momentos tan tristes eres capaz de moderar tus modales. Ni contener tu lengua, aunque solo sea por respeto a la fallecida. Vienes lanzando dardos venenosos. Eres un impertinente y mal educado.
-  Bueno, ya conozco tu opinión sobre mí. ¿Cuánto falta para el entierro?
-  Nada. Sólo esperábamos por ti.

(El féretro fue trasladado al cementerio, con los restos mortales de Andrea, para que recibieran cristiana sepultura. Los familiares y amigos le dimos el último adiós entonando una oración por el eterno descanso de su alma. Después, abandonamos el campo santo).

<<De vuelta, en casa, fuiste derecho al mueble bar, te serviste una copa de brandy y como no podía ser de otra manera, empezaste a soltar bilis por tu boca>>.
-  Qué, papá, ¿no me acompañas bebiéndote un vinito? Pero, ¿por qué pregunto? Tú  jamás bebes; ni pierdes la compostura. Veo que callas. Pues el que calla otorga, viejo. Claro que tú siempre fuiste de pocas palabras, te basta un si o un no, suena más rotundo, más efectivo. Tu y tus modales: esa educación tuya, tan a tono con lo que consideras urbanidad.
-  Basta, hijo basta. ¿Por qué esta crueldad? ¿Qué ha sido de aquel muchacho bueno y puro, aquel que Andrea, tu madre, ponía de ejemplo porque, además de presentarte como un orgullo, eras sin ningún género de dudas, su ojito derecho?
Y mírate ahora, te has convertido en un pomposo. Haces burla de todo, desdeñas a quien no baila al son que tú tocas. Tu orgullo te impide tener piedad hasta de tu anciano padre. Eres un desalmado.
-  Bien, no me importa lo que creas de mí; ya lo dije antes.
De qué te ha servido a ti ser tan bueno, decente y honrado. De qué te han valido tus nobles sentimientos, tan altruistas por otro lado: de nada. Te has pasado la vida sin sacar provecho de sus privilegios. Eres un viejo idealista, papá. Y es lo único que tienes ya, después de la muerte de mamá.
Fíjate en mí: puedo presumir actualmente de ser un hombre importante, un influyente industrial. Eso es lo que cuenta, lo que realmente vale de cara a la sociedad.
- Sí, quizá para ti, esa presunción signifique mucho más que todo lo demás. Tu ambición nunca ha conocido límites. Pero aún quedamos algunos “desinteresados” con pundonor y vergüenza.
-  Tu actitud está fuera de la realidad, papá.
-  Y la tuya, fuera de contexto. No creo que este sea buen momento para discutir sobre nuestros, puntos de vista. ¿Te has olvidando porqué estás aquí? Esa es la única razón justificable. Sí, no te rías. A los hechos me remito.
 - Hay, papa, papá, aún sigues sin entender que ahora, justo ahora, tengo razones más que sobradas para pedirte cuentas.
-  ¿Tú a mí? Cómo tienes la osadía de venir con exigencias. ¿No te parece suficiente con el daño que ya causaste en el pasado? Sobre todo a Andrea. ¿O pasas por alto ese pequeño detalle?
Ni un malasangre hace lo que tú le hiciste a tu propia madre. Extraerle el saldo de la cuenta corriente, dejándola sin nada. Era un dinero que sus padres le dejaron; su herencia. Ninguno teníamos derecho a tocarlo y menos tú, que lo hurtaste de forma alevosa para luego gastártelo alegremente. Querías vivir a tu aire, y te marchaste. No supimos de ti en mucho tiempo, mientras te duró el dinero. Después volviste a por más, naturalmente. Tu madre te lo hubiera dado pero yo no se lo consentí, faltaría más; con tus antecedentes. Por eso me odias, por eso me lastimas a la menor oportunidad que se presenta ¿verdad?
-  Tú siempre me negaste cuanto te pedía, aduciendo que lo hacías por mi bien. Qué sabías tú cual era lo mejor o lo peor.
Siempre estuviste en mi contra, no me dejaste otra salida; por eso hice lo que hice.   Con tu actitud, me obligaste.
-  Hijo, no tienes ni idea, la desilusión que se llevó tu madre, lo que sufrió. Tu mal comportamiento fue el detonante para que su delicado estado de salud abocara en una agonía dolorosa, hasta el final de sus días. Eres, en cierto modo, responsable de su prematuro fallecimiento.
-  Tonterías, de nada me siento culpable. Ella me adoraba, me lo hubiera dado todo igualmente. Yo ansiaba salir de la mediocridad. No quería una vida monótona y anodina, como la tuya. Tan conservadora que jamás arriesgabas un ápice, por miedo a perder ese llamado “bienestar”.
-  Deberías pedir perdón por tus infamias.
-  Papá, no entendiste entonces, ni me entenderás ahora por más que diga. Eres un pobre hombre.
-  Yo seré un pobre hombre, pero al menos tengo vergüenza; lo que a ti té falta. 
-  No quiero seguir oyendo discursitos. Hablemos de lo que importa: mi intención es, dadas las circunstancias, poner en venta la casa y...
-  Esto es el colmo. Cómo te atreves a decidir sobre asuntos que no te competen.
- No te alteres, papá. Quizá no estés en condiciones en estos momentos. No quiero agobiarte. Seguiremos tratando del tema, mañana.
-  Dará lo mismo. Jamás cederé en eso…
-  ¿No?

<<Finalmente, te saliste con la tuya. Solo necesitaste apoyarte en un abogado habilidoso y un incierto certificado médico. Eso bastó para echarme a la calle>>.

Fin

En el almanaque colgado en la pared de la cocina de Paula, resaltaba el círculo rotulado de verde sobre la fecha.

<<Uf, que lata –se lamentó-  he de ir a la granja de Bobby a recoger el perro, no queda otra opción pues me comprometí a cuidarle mientras él está de viaje. Me tomaré un café y saldré a escape, el pobre animal extrañará no ver a su dueño a primera hora del día>>.

Mientras se tomaba el brebaje, se acercó a la ventana y observó el panorama a través del cristal.

<<Presiento que antes que acabe el día estará diluviando. Esas nubes que cubren gran parte del cielo lo presagian. También mis huesos lo barruntan. Son los más fiables meteorólogos, se resienten al menos cambio de tiempo>>.

Paula se apresuró en vestirse y en cuanto se calzó sus botas de cuero, se colocó la mochila sobre los hombros y salió de casa. La mañana estaba fría y desagradable, empezó a caminar a paso ligero, siguió a buen ritmo hasta llegar a las vías del tren, debía cruzarlas por el paso a nivel pero hubo de hacer un alto al escuchar el pitido de la bocina anunciando que se aproximaba un convoy.
El tren avanzaba con su repique y su balanceo, sonido y movimiento combinado para crear un extraño ritmo musical. Mantuvo la mirada fija en la locomotora, mientras coronaba la cuesta a velocidad reducida. El tren entero fue pasando y se alejó. Y los chasquidos de los vagones se suavizaron y se desvanecieron en la lejanía.

Todo era tiempo y nada más que tiempo y a la vez el tiempo estaba suspendido en los ojos de Paula

domingo, 24 de junio de 2012


Escribo sentada en un peldaño de escalera, a los pies de “La Venus de Milo” en la mañana soleada de un sábado de Gloria. Me agarro a la imaginación como una flor en la roca y escribo, escribo con las manos rotas, a contraluz de la estación.
Urdo una formulación con los conceptos que están latiendo dentro.
Quisiera que este poema se crease de climas y fríos, y que la vida pase por su fondo. Los sueños, la guerra, las leyendas, la velocidad, el espacio.
Siento como respiran las palabras. La idea incipiente va tomando forma. Se disgrega, igual que un torrente buscando sus cauces, conformando ríos de ríos sobre tal fundamento. 
Anudado a mis sentidos el mural del paisaje.
Y la locura del alcohol en la sangre y el frío lapicero en los trémulos dactilares. El compromiso en los oscurecidos ojos, y el miedo, bien fundado, ante la irascible fiera de los nervios.

Nada nos mira desde ningún sitio y todo nos ve sin mirarnos.

Termino este poema sobre un charco de agua…

miércoles, 6 de junio de 2012


Bendito sea quién temprano sale de su casa, sin apurar la noche ni el sueño, sólo por el placer de ver el rayo matutino.
Bendito sea quién se adentra en el amanecer cada mañana, quién emprende el camino que nunca tiene fin.
Bendito sea quién sobre el suelo de Madrid se conduce con la marea de la vida, alza la vista hacia la ciudad y el sol; soporta el frío atroz y el bochorno de julio.
Bendito sea quién, reducido a una mancha desvaída de la sociedad, se desprende de las sombras y se echa a volar persiguiendo un atisbo de suerte.
Bendito sea quién agitando la cabeza remueve su voluntad para seguir en la brecha.
Bendito sea todo aquel que camina con su desnuda verdad, mantiene la entereza, anda con sobriedad y decoro, mira con la candidez de un niño y, ni la cruda realidad le vence.
Bendito sea quien en su dignidad se asienta y ni el temor ni el propio amor corrompe.
Bendito sea quién acude al silencio para oír su trino