“Vivimos bajo el mismo
cielo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte”
Konrad Adenauer
DISTINTOS PUNTOS DE VISTA, relato escrito por: Ana
Vadillo
<<Cuando tú llegaste al tanatorio, todos volvimos
la vista hacia la puerta, al verte.
Algunos de los presentes te saludaron haciendo un gesto con la cabeza,
silenciosamente.
Tú no te molestaste en devolver el saludo. No mostraste
ninguna señal de aprecio por su atención, no te dignaste corresponder; sólo me
miraste a mí, descarado, provocativo, desafiante. Quizá los demás, no
advirtieran ese gesto, pero yo sí. Me retabas con los ojos, con la seguridad de
que me abalanzaría sobre ti haciéndote reproches, proporcionándote la
justificación perfecta sobre tu impropia conducta, pero no caí en la trampa
conociéndote como creía conocerte. Seguías con la misma actitud irreverente
característica en ti. Tu posterior comentario confirmó mi intuición>>.
- Qué sitio tan inmundo ¿No había otro peor donde tener a mi madre de
cuerpo presente?
- Hola, hijo. ¿Qué
tal el viaje? Estás igual, no has cambiado. Tampoco tu desfachatez. Ni en estos
momentos tan tristes eres capaz de moderar tus modales. Ni contener tu lengua,
aunque solo sea por respeto a la fallecida. Vienes lanzando dardos venenosos.
Eres un impertinente y mal educado.
- Bueno, ya conozco tu opinión
sobre mí. ¿Cuánto falta para el entierro?
- Nada. Sólo
esperábamos por ti.
(El féretro fue trasladado al cementerio, con los restos mortales de
Andrea, para que recibieran cristiana sepultura. Los familiares y amigos le
dimos el último adiós entonando una oración por el eterno descanso de su alma.
Después, abandonamos el campo santo).
<<De vuelta, en casa, fuiste derecho al mueble
bar, te serviste una copa de brandy y como no podía ser de otra manera,
empezaste a soltar bilis por tu boca>>.
- Qué, papá, ¿no me acompañas
bebiéndote un vinito? Pero, ¿por qué pregunto? Tú jamás bebes; ni pierdes la compostura. Veo
que callas. Pues el que calla otorga, viejo. Claro que tú siempre fuiste de
pocas palabras, te basta un si o un no, suena más rotundo, más efectivo. Tu y
tus modales: esa educación tuya, tan a tono con lo que consideras urbanidad.
- Basta, hijo
basta. ¿Por qué esta crueldad? ¿Qué ha sido de aquel muchacho bueno y puro,
aquel que Andrea, tu madre, ponía de ejemplo porque, además de presentarte como
un orgullo, eras sin ningún género de dudas, su ojito derecho?
Y mírate ahora, te has convertido en un pomposo. Haces
burla de todo, desdeñas a quien no baila al son que tú tocas. Tu orgullo te
impide tener piedad hasta de tu anciano padre. Eres un desalmado.
- Bien, no me importa lo que
creas de mí; ya lo dije antes.
De qué te ha servido a ti ser tan bueno, decente y honrado. De qué te
han valido tus nobles sentimientos, tan altruistas por otro lado: de nada. Te
has pasado la vida sin sacar provecho de sus privilegios. Eres un viejo
idealista, papá. Y es lo único que tienes ya, después de la muerte de mamá.
Fíjate en mí: puedo presumir
actualmente de ser un hombre importante, un influyente industrial. Eso es lo
que cuenta, lo que realmente vale de cara a la sociedad.
- Sí, quizá para ti, esa presunción signifique mucho
más que todo lo demás. Tu ambición nunca ha conocido límites. Pero aún quedamos
algunos “desinteresados” con pundonor y vergüenza.
- Tu actitud está fuera de la
realidad, papá.
- Y la tuya,
fuera de contexto. No creo que este sea buen momento para discutir sobre
nuestros, puntos de vista. ¿Te has olvidando porqué estás aquí? Esa es la única
razón justificable. Sí, no te rías. A los hechos me remito.
- Hay, papa, papá, aún sigues
sin entender que ahora, justo ahora, tengo razones más que sobradas para
pedirte cuentas.
- ¿Tú a mí? Cómo
tienes la osadía de venir con exigencias. ¿No te parece suficiente con el daño
que ya causaste en el pasado? Sobre todo a Andrea. ¿O pasas por alto ese
pequeño detalle?
Ni un malasangre hace lo que tú le hiciste a tu propia
madre. Extraerle el saldo de la cuenta corriente, dejándola sin nada. Era un
dinero que sus padres le dejaron; su herencia. Ninguno teníamos derecho a
tocarlo y menos tú, que lo hurtaste de forma alevosa para luego
gastártelo alegremente. Querías vivir a tu aire, y te marchaste. No supimos de
ti en mucho tiempo, mientras te duró el dinero. Después volviste a por más,
naturalmente. Tu madre te lo hubiera dado pero yo no se lo consentí, faltaría
más; con tus antecedentes. Por eso me odias, por eso me lastimas a la menor
oportunidad que se presenta ¿verdad?
- Tú siempre me negaste cuanto
te pedía, aduciendo que lo hacías por mi bien. Qué sabías tú cual era lo mejor
o lo peor.
Siempre estuviste en mi contra, no me dejaste otra salida; por eso hice
lo que hice. Con tu actitud, me
obligaste.
- Hijo, no tienes ni idea, la desilusión que se
llevó tu madre, lo que sufrió. Tu mal comportamiento fue el detonante para que
su delicado estado de salud abocara en una agonía dolorosa, hasta el final de
sus días. Eres, en cierto modo, responsable de su prematuro fallecimiento.
-
Tonterías, de nada me siento culpable. Ella me adoraba, me lo hubiera
dado todo igualmente. Yo ansiaba salir de la mediocridad. No quería una vida
monótona y anodina, como la tuya. Tan conservadora que jamás arriesgabas un
ápice, por miedo a perder ese llamado “bienestar”.
- Deberías pedir perdón por tus infamias.
-
Papá, no entendiste entonces, ni me entenderás ahora por más que diga.
Eres un pobre hombre.
- Yo seré un pobre hombre, pero al menos tengo
vergüenza; lo que a ti té falta.
- No quiero seguir oyendo
discursitos. Hablemos de lo que importa: mi intención es, dadas las
circunstancias, poner en venta la casa y...
- Esto es el
colmo. Cómo te atreves a decidir sobre asuntos que no te competen.
- No te alteres, papá. Quizá no estés en condiciones en estos momentos.
No quiero agobiarte. Seguiremos tratando del tema, mañana.
- Dará lo mismo.
Jamás cederé en eso…
- ¿No?
<<Finalmente, te saliste con la tuya. Solo
necesitaste apoyarte en un abogado habilidoso y un incierto certificado médico.
Eso bastó para echarme a la calle>>.



