Juguemos
Juguemos a ser hombres.
Más, ¿cómo son, ciertamente,
los hombres?
¿Quién les designa esa
gracia?
¿Aquellos que deliberan,
conspiran, se traicionan violentando la luz
en los espejos, subidos
sobre
las torres de la ambición y la soberbia?
Prendidos entre el contento y
la vanagloria,
esperan en su reino ver pasar
al vuelo las alondras quemando las horas
de nostalgia, sin dar una respuesta.
Indiferentes y sin lumbre de
fe,
únicamente algunos gravosos
pensamientos se cuelan,
en el profundo vacío de sus
conciencias.
Desanimados por abarrotadas
nostalgias y siendo menos fuertes
de lo que se creían, hacen
estragos a la esperanza.
Ya que por sí solos no logran
seguir una rebelión contra la libertad.
Juguemos.
Sí, juguemos limpio, entre
tanto alguien se allega y nos dice
lo que es un verdadero “ser”
o en conformidad: UN HOMBRE.