lunes, 30 de diciembre de 2013

ALEGRÍA    

Viene la alegría, algunas veces, sin dar aviso. Como una llamarada. Cual ave fénix.
Viene desde la cima de un recuerdo, desde los hondos sentimientos, desde el sencillo vivir.
Viene por los caminos de la melancolía, con la frescura del rocío.
Viene a alumbrar mis vigilantes horas. Desde la sombra llameante, desde lo ignoto.
Y es entonces cuando se bendice la suerte por verla aparecer, con su batir de alas: grácil, con esa viva luz de meridiano.
Tiene del sol los cálidos fulgores, del ruiseñor el fino canto y del poniente el ondular del aire.

Delante de mí está. Erigida… cual sol de cien auroras.


Y el corazón a verdecer empieza.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Mis manos
Mis manos, cansadas en la lentitud, se posan sobre mi regazo
en el sigilo anidado, en la figuración.
Mano sobre mano, mis manos,
sosiegan su cansancio de siglos laboriosos.
Se aferran en la inhabilidad y el extravío.
Hacen preguntas al vacío…
Solicitan amparo, mendigan cariño,
buscan el calor de otras manos.
Se alzan confiadas en la celebración de la caricia,
se despliegan en la exquisitez del tacto.
Mis manos, sostienen la verdad delante de mis ojos,
dibujan el mapa de los afectos, se crispan
en la decepción del abandono.
Sienten el frío, la aspereza de la corteza del álamo.
Enarbolan la bandera blanca del sentimiento,
se despliegan en la privacidad de las auroras,
hablan en todos los idiomas,
me salvan de la tristeza.
Son patria, caldero de agua, cazuela ancha, refugio
sin puertas donde todos tienen su lugar.
Mis sarmentosas manos, se mueven en la inercia del intervalo
que va, de la tierna niñez a la apatía de esta desasistida hora.
Amarillas de vejez,
descansan debajo de su sombra.
Se ocultan ante la imposibilidad de alcanzar la luz
en las tardes rigurosas.
Más, todavía, mantienen la fuerza, remueven la tierra,
esparcen la semilla del amor, se abren al sol de la esperanza, mis manos…


miércoles, 11 de diciembre de 2013


LA FUGA DE UN SUEÑO

Se desvaneció mi sueño.
Se deslizó sigiloso, dejándome los ojos sin mirada,
caminó hacia la infinita noche sin mañana.
Vosotras, deidades celestiales de la luz,
salid en pos de su rastro.
Id por las sendas floridas del limbo,
cruzad la niebla preguntando
decid que era el blanco sueño de una frágil inocencia.
Buscadlo.
No cejéis de buscar.
Escrutad por las cavernas del aire,
por los márgenes del cielo,
en los abismos donde el sonido perpetúa la voz.
Y si acaso apareciese...
convencedlo con tiernas dulzuras del regreso,
y que regrese.
¡Ah, si quisiera!
Volvería a relumbrar el sol en el vacío de unos ojos,
sobre unas pupilas estremecidas
con una nueva luz que nunca se extinguiera.
Buscadlo.
Pues un instante bastaría,
para que el espíritu doliente recobrara su sentido de amante fiel.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Un grito rompe el silencio.
¡Un llanto que parte el alma! Es la llamada de auxilio de la mujer maltratada, por un vil intimidador.
Por la furia desmedida y una ira incontrolada, del cruel torturador.  

La mujer desventurada, estremecida de susto, pide clemencia…
Un  manotazo, en la cara, es la ruin contestación.
Un insulto, en el oído, que humilla más que el dolor.
Un  dolor que se repite, una inquietud que no cesa, ¡el miedo que martiriza
cuando se cierra una puerta!

Una ofensa: miserable. Una maldad: sin razón. Un ultraje: sin pretexto.
Una infamia… sin perdón.
Vileza de un bravucón que se ampara tras el filo de un cuchillo o se escuda en la demencia, para mancillar adrede…
Una fiera ¡que se crece! con el terror que despierta.

Víctima de su agresor y de su triste infortunio, la desvalida mujer, ronda ciega, sin consuelo, en busca de alguna luz.
La boca, desdibujada con la herida lacerante y un gemido de tormento, chilla pidiendo socorro… mientras cae desfallecida.
Se está muriendo, indefensa, mártir del odio enconado de un homicida, villano, que no tiene compasión.

¿Dónde estáis, hombres, mujeres de bien que no acudís en ayuda?
¿No percibís la llamada: los gritos de una mujer?

Ana Vadilo Gómez


viernes, 22 de noviembre de 2013

AMOR. Oh, la, la, la...


El amor es el vértigo de las emociones, una sensación que te aboca al abismo, la luz que nos redime de la pesadumbre de los celos.
Un sentimiento que florece en las pupilas y en lo más recóndito del corazón y es, en si mismo: un acabamiento incesante en tanto la sangre arde de placer…
Es un ardiente olvido de todo lo demás.

miércoles, 20 de noviembre de 2013


Desde lo ignoto
¿No partió la voz desde las gargantas de la noche a los augures del eco?
¿No volvió, en su transfiguración, con el sonido argento de las aguas?
¿No partieron las tribus de Israel a los desiertos?
¿No trajeron los héroes las raíces de las cimas?
¿No buscó el peregrino la clave de esta vida sin sonrisas
y en un recodo intemporal del mundo halló la ciudad de la alegría?
¿No se alejaron los pájaros hacia otras tierras ajenas
y volvieron con una nueva primavera?
¿No persiguió el trovador a la musa de los sueños azules
desde el vergel de su imaginación?
¿No regresó, en el colmo de su alegoría, con los dones mesiánicos del lumen?
¿No se aventuró el hombre a descifrar el enigma de la inmortalidad
y retornó con un pesar errabundo?
¿No vendrán otra vez detrás de los vitrales del crepúsculo
los fantasmas de la memoria y se darán cita en mi jardín insomne?
Más ¿qué hacer hoy que nos otorgue otro abril,
otra ribera donde poner los odios,
detener las angustias
y afirmar el manantial de sol de esta nueva fosforescencia?



jueves, 14 de noviembre de 2013

Romance

Allá en los siglos pasados
en la ciudad de Granada,
vivió una noble familia:
lo más granado de España.
El señor, de nombre Enrique,
la señora, doña Juana
y el fruto de sus amores
-gran orgullo de la dama-
Manuel de la torre Díez
infante de noble casta.
Proezas de mucha bravura
le aportaron grande fama,
meritoria fue la gesta
del reino que sumó a España.
Marqués le nombrara el Rey
por tan singular hazaña
y un infantado añadió,
siervos, para su labranza.
Estos le rendían tributo,
le servían de buena gana,
creyéndole tan valiente:
igual que a un dios alababan.
- Buena estrella a usted le guíe
señor de ilustre crianza,
buen hijo, de los insignes:
don Enrique y doña Juana.
Prestigio añadió a su nombre,
renombre a tan noble casa,
¿autoridad? nadie niega,
riqueza, se ignora cuanta.
Si su coraje es notorio,
su gallardía era tanta
que a hembra que el galán mirase,
mujer quedare prendada.
Sus conquistas amorosas
por decenas se contaban,
sólo una se es sabido,
a sus cortejos negara.
La más dulce y virtuosa,
la más gentil de las damas.
Hija de un hidalgo hombre,
conocido aristócrata.
Manuel juró por su honor
hacer suya a la muchacha,
y el mismo tesón ponía
que para ganar batallas.
- Juro por mi nombre a Dios
que desposaré a esa dama,
así me cueste la suerte,
no cejaré, en mi cruzada.
En la corte de palacio,
vestirá como sultana,
entre tanta jerarquía
será la más respetada.
Tan seguro estoy de eso
como ducho en tal demanda.
Más ella tan virtuosa,
se guardaba y resguardaba
al amparo de los suyos
sin tomar lo que él brindaba.
El Marqués, por su desaire
no era el mismo, se notaba,
perdió peso, ganó celos,
y ni soltaba palabra.
Lánguido en su ensoñación
consumía la mañana,
en la tarde, despistado,
iba, venía, suspiraba...
Sus padres le reprendían
esa actitud tan extraña.
- Hijo mío: ponle fin,
otras muchas te idolatran.
- Ninguna se iguala a ella,
respondía de mala gana.
Optó por otra mesura
para ganarse a la dama.
- Si con promesas y halagos
no he ganado esta cruzada...
De algo ha de servir mi hombría,
renegaba en su recámara.
Preparó una estratagema,
y raudo corrió a su casa.
Regresó de muy mal ver,
arisco, con la muchacha
asida sobre su hombro,
como si fuese una saca.
- No quisiste por las buenas:
aquí estarás apresada
hasta vencer tu ojeriza
o concluir mi esperanza.
Con su cuantiosa fortuna
reforzó la gran muralla
que circundaba el castillo,
donde recluyó a la dama.
Quién sabe Dios que vilezas
encierra el hombre en su alma,
por muy noble que éste sea:
de alta cuna o buena casta.
Ni viéndolo con sus ojos
ningún vasallo dudara,

que ese bizarro, buen amo / aquella falla ocultara.

miércoles, 13 de noviembre de 2013


Era una tarde triste, una tarde de triste melancolía, una larga carretera y una aldea.
Era un hombre apenado, tanto que parecía que esa era su naturaleza.
Se le estaba haciendo la noche en la mitad de la tarde, pero no quería volverse sombra.
Hay un soñar-fuera-del-alcance que siempre está pasando. 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Llegará un momento y no muy tarde
en que caminaré escondido en los zapatos,
con la mirada recogida en busca de su centro.

Llegará un momento y no muy tarde
en que las ideas se apolillarán
en los armarios del pensamiento.
En que ni un bendito sueño restituya
el cansancio acumulado.
La mera ordenación de las cosas
resulte tarea azarosa,
lo cierto siembre dudas en la conciencia
y en mi oído
deje de soplar el viento.

Llegará un momento y no muy tarde
en que sobre mí las estaciones
resbalen como la lluvia
por el tallo florido de las plantas.
Las lágrimas se abrirán paso
sin que yo les dé permiso
y la voz se enredará en mis labios
en un duelo de signos desnudos.

Navegaré las horas sin sombra ni pasado
en ese triste estado de la desmemoria.
La soledad, como un imán,
se pegará a mis huesos
y el rastro de un beso
se lo habrá llevado el vendaval del olvido.
Andaré por ahí, a la búsqueda de nadie,
por la mañana a coger aire,
por la tarde a administrar su don.

Llegará un momento y no muy tarde
en que un inclemente viento se cuele en mi sangre
y, la piadosa noche desvaine su sable
al despuntar el alba,
en ese empeño de traspasar la luz
a quién el sol ignora en la mañana.


martes, 5 de noviembre de 2013

Cambios que nos cambian

Emiliana venía sintiéndose mal durante toda la tarde. le dolía mucho la espalda y sentía una pesadez fatigosa en las piernas. El embarazo era la causa de sus molestias, lo sabía, como también sabía que aún faltaban un  par de semanas según sus cálculos, para que acabaran sus padecimientos.
No comentó ni profirió queja alguna. A la hora de cenar, con la excusa de que se tomó un café con leche un rato antes, apenas si probó bocado. Sirvió, eso sí, a su esposo e hijas como era costumbre más en cuanto recogió los platos, con una disculpa pueril, se retiró a descansar.
Ya en la cama y cerrados los ojos, Emiliana, intentaba dormir pero no lo conseguía. Cambió de postura, tampoco así lograba adormilarse. Resignada se dispuso a afrontar otra larga noche.
Afuera diluviaba. El aguacero salpicaba en los cristales de la ventana y producía una sonoridad persistente y molesta.
Su esposo, a su lado, respiraba acompasadamente, ajeno al insomnio y malestar de la mujer. Ya bien pasada la media noche pudo quedarse transpuesta, más estando en ese soporífero letargo notó una sensación cálida entre las piernas. Introdujo una mano para verificar y… Dios, había roto aguas.
-          Fermín, despierta.
-          Qué ocurre, mujer.
-          Llévame al hospital: voy a dar a luz.
-          Pero qué dices, aún no es la fecha.
-          Pues si no espabilamos…
No obstante, el alumbramiento no se produciría enseguida, tal como supusiera Emiliana. Alonso no vino al mundo hasta veinticuatro horas más tarde, cuando su madre apenas si reconocía el sitio donde estaba ni el porqué.
Su hijo nació al amanecer del día veintiocho de diciembre, festividad de “Los Santos Inocentes” y llegaba en unos momentos muy complicados para la familia.
Apenas acababan de llegar a la Capital, forzados por un traslado de su esposo, Fermín.
Las dificultades se sucedían por doquier, primero fue la búsqueda de vivienda, ardua tarea, dado los precios de los alquileres; hubo que parearse las calles con el frío inherente hasta dar con una adecuada a sus necesidades y medios económicos. Por otro lado urgía encontrar plaza para la niña en algún colegio público cercano, no podía estar sin escolarizar, podrían sancionarlos.
Aparte, no conocían a nadie que les echara una mano con la pequeña, mientras ellos hacían las pesquisas oportunas. En resumidas cuentas, el parto en fechas no previstas, venía a embrollar aún más las cosas. Eso pensaba Fermín en la sala de espera del hospital, no obstante un rato después cuando le comunicaron que el alumbramiento había ido bien y que el bebé era un robusto y sonrosado varón, le cambió el semblante y rechazó los míseros pensamientos de su cabeza de poco antes.
Sí, porque la célula familiar estaba configurada hasta ese día: por su esposa, la hacendosa ama de casa Emiliana Bonal, la hijita de cuatro años, y él mismo: Fermín Sánchez, Subinspector adjunto de policía de barrio. Así el nuevo retoño venía a sumarse a los demás miembros. Según su punto de vista, una grata compensación. ¡Un chico, un “macho”, lo que tanto anhelaba!, se decía para sí. El resto de las cosas… carecían de importancia en esos momentos.



sábado, 2 de noviembre de 2013

Tu mano

Tu mano es fuego desleído en su bruñida piel.
Es agua, cauce, cascada, fuente donde saciar la sed.
Es la escala, el diapasón, la nota, la acotación.
Es el canto, la nana que duerme mi anhelo.
Es el modo, es el acomodo, el contento.
Es la senda, el camino que recorren mis labios
Es como un ala de viento, danza, remonta las alturas, congrega a las estrellas, les da la comunión.

Su piel exhala la fragancia de las violetas.

lunes, 28 de octubre de 2013


Tus manos.

Cuánta calor en su alma llevan,
cuánto cansancio arrastran.

Cuántas cicatrices marcadas a fuego,
cuánta arruga plegada.

Cuántos temblores ya marchitos,
cuánta sabiduría silenciada.

Cuántas dulzuras sin enojos,
cuánta fantasía agazapada.

Cuánto sol, cuanto brillo lunar,
cuánto movimiento de agua.

Cuánta pasión florecida en su paisaje
cuánto vuelo en sus alas.

Cuánto resplandor en su hermosura.
cuánta ternura aprisionada.

Cuánta fogosidad diluida en sus extremos
cuánto ardor en sus palmas.

domingo, 20 de octubre de 2013


Otoño:
Ya vuelves  trayendo entre tus brazos un año más. Adelantando la llegada en unas horas.
Regresas después del intervalo.
Apareces aventurando cambios, exhalando fragancias y el tamo de los días enredado en tu voz.
Irrumpes con un atrevimiento audaz.
Emerges, revestido de rigores sin dar tiempo a ajustarse el cuello del gabán.
Arribas enarbolando tu bandera, con música de gaitas, resuelto a ensanchar tus dominios.
Vienes a metamorfosear la calma, a enredar el orden, a viciar la luz.
Compareces cual larva, deslizándote, adentrándote, refundiéndote en el movible paisaje natural. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Salir...
Salir, no pasar
de la soledad al frío.
Ir en busca de otros cielos
que no me oculten su azul.   


jueves, 3 de octubre de 2013

Desde el corazón.
¿Cómo deciros que soy, ciertamente, ese atardecer en la sombra
donde el cansancio se revela,
donde la oscura pupila mendiga el penúltimo rayo de luz.
Que tengo entre mis manos el oscuro tedio de la puesta de sol.
Que soy débil pero me mantengo en pie y sigo
y siento que me muevo bajo la inercia del instante,
despojado de acontecimientos.
Que mis pupilas vierten melancolía fría.
Y esos sentimientos me arrancan una lágrima que nunca verá nadie.
Que los mochuelos ponen una nota de escalofrío en la noche.

Que a veces una llamada nos salva de las tinieblas.

viernes, 27 de septiembre de 2013


Mar, transparencia que destila sal.

Mar, de olas planas, que se mueven despaciosas, con una desganada serenidad, y como un verano ya acabado vienen, dóciles, a dormir sobre la arena dorada.

Mar, descansada serenidad que guarda la transparencia de la luz.

jueves, 26 de septiembre de 2013

He aprendido que yo no soy de la risa
más que un miedo temblando. Alguien que,
gracias a una disposición de curiosidad,
que se vuelve más honda con la edad
y sin embargo no se corrompe de amargura.

miércoles, 25 de septiembre de 2013


 Quiero subir a la Alambra,
pasear su límpida luz primaveral
en la tarde celeste,
escuchar el rumor que canta el aire,
respirar el fresco aroma de las flores,
(admirar su bello colorido)
y guardar en la retina tan bello panorama.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Se descuelga la fina lluvia sobre la desnuda frente de un suicida
y baña el gesto adusto de su cara pertinaz e incorregible,
se adentra en la boca y se queda por un instante retenida
hasta que un hálito de aire las hace resbalar hacia el sarcasmo
donde quedará confinada. 

jueves, 12 de septiembre de 2013


Aire.

Aire que zumba
y bufa
sobre un mar traslúcido.
Aire que aparece y desaparece
en el largo oleaje de la vida.
Enreda lo aparente,
aviva el fuego fragmentario,
sopla hacia donde quiere
y viéndole moverse,
los pájaros,
nacidos para el vuelo,
traspasan el día
como una aguja de seda.


Tarde vine a saber que lo que no es aire es poesía.



viernes, 26 de julio de 2013


TU MIRADA

Estás callada.
Tu mirada: desnuda silencios,
sostiene las ansias que bullen, inquietas;
hace jirones las sedas que envuelven los miedos.

Tu mirada: es sueño.
Dibuja paisajes,
dona de esplendores el páramo seco.

Tu mirada: arde.
Despierta emoción en la sangre del viento;
enciende pasiones.

Tu mirada: seduce a la noche.
Doblega al arisco fantasma de la soledad;
conquista a la bella Selene.

Tu mirada: habla.
Da color a la calma,
es palabra hecha canción,

es la esencia del perdón, tu mirada.

miércoles, 24 de julio de 2013


Delinquiría porque la ingenuidad de las consciencias livianas, despertaran de su letargo.
Por erradicar el desprecio, remedar el daño causado a lo largo de los siglos en nombre de un credo…
Por erradicar el desprecio.
Por ver renacido de sus cenizas el corazón ardiente de tantos ignorados superhombres que entregaron su vida por salvar el alma de los demás mortales.
Por borrar la imagen ingrata, que se cuela como suavísimo felino en el inconsciente.
Delinquiría por eliminar la amargura que anida en el pecho de los desfavorecidos aunque ni así desmayan en la esperanza.

Porque los dioses y los ángeles se avinieran a darme calor en esta noche desangelada, de sueños derrotados.


Delinquiría por ver el fruto de aquellas grandes esperanzas, que sembramos un día.

sábado, 29 de junio de 2013


El que viene detrás, no tiene por qué seguir mis pasos.
A veces ocurre, que el que parece seguirnos, camina delante de nosotros.
Apresurarse en los pasos no contribuye a recortar distancias.
Aquel que nos precede, de tanta agitación, va quemando sus alas, se deslíe en sus señas de identidad a la vez que se desliza.

El que viene detrás toma en sus manos el testigo, si bien se mueve a un ritmo más pausado, relativiza el momento, pasa las hojas de los días con cautelosa naturalidad. Se mete el sol en los bolsillos para, llegados los fríos, templar sus manos.

El que viene detrás, se desplaza en la costumbre, destila la memoria de sus ancestros, recoge los arpegios del canto universal. Se refunde en los colores, se vuelve termal.
Cargado de solemnidad, levanta la cabeza para ver mejor la vespertina claridad y se asombra de que todo venga a sus ojos; se deleita en la idea de creer que no está lejos de alcanzar la orilla.


El que viene detrás, envara el cuerpo, sustenta la voz, se crece en sus ojos, ríe, llora, airea sus carencias, salva el honor de los que nunca llegan.

jueves, 27 de junio de 2013


FÉMINA

Eres dolor constreñido en un gesto,
rictus amargo cosido a una piel
que, un asesino del arte,
en un arranque de ira, dejó impreso su furor.

Así quién tenga el honor de contemplar la muestra
podrá ver, en todo su esplendor,
la mejor obra que ningún artista
ha podido mejorar.

martes, 25 de junio de 2013


Si no fuera envidia, orgullo herido, si no fuera 
ola entristecida, hiriente aire,si no fuera noche oscura
¿serías tú mi suerte adormecida?

domingo, 23 de junio de 2013

Como perros perdidos en la noche.

Para qué equiparse hasta la frente
Para qué maniobrar con el rencor
Para qué disimular
Para qué llorar por llorar
Para qué encararse contra los demás hermanos
Para qué dar pasos de ciega congoja o amargo desamparo.
Para qué.

Mejor, pelear por todos,
plantarle cara y batallar con justa valentía
y en razón de una causa esclarecida, como el amor,

o la amistad desinteresada. 

jueves, 13 de junio de 2013


LAURA
Laura estaba terminando de abrocharse la cremallera de su vestido blanco, cuando siente que llaman a la puerta de la habitación.
-         Pasen.
Un instante después aparece su madre, exclamando.
-     Oh, hija mía, pareces un ángel... Un ser irreal... Un sueño... Permite que te ayude...
Con manos temblorosas y sin dejar de hacer comentarios halagüeños, procede a colocar bien el tocado. Al terminar de dar los últimos retoques, se separa unos pasos y vuelve a exclamar:
-         Eres la reencarnación de un sueño, verdaderamente...
Enternecida sale de la estancia, limpiándose los ojos con su pañuelito de seda.
Entonces, Laura, se gira hacia el espejo y al verse reflejada en el cristal se queda quieta, como extrañada: “No me reconozco ¿Seré yo, en verdad?” Y cree escuchar el eco de su propia voz contestándola: “Eres un sueño, un sueño, un sueño...”
Y como en un sueño siente que la levantan en vilo unos hombres muy fuertes que, de improviso, han aparecido en la estancia. Laura se mengua atemorizada, más entre esas personas cree distinguir la voz de su amiga del alma, que dice:
-         Vamos, Laura, no querrás que el novio se impaciente por la espera y termine yéndose, antes de la boda.
Se la llevan casi en vuelo hacia el coche que parte rumbo…
-  ¿Vamos a la Iglesia? – y su pregunta se queda en el aire.
<<Laura, acepta usted a Ignacio por esposo y promete amarle todos los días de su vida...>>
-         Sí, quiero. Síí, quieeero. Síííí, quiero. ¡Síííííiii, quieroooooo!...
-         Laura, hija, ¿me oyes?, despierta.
Y Laura, entreabre sus garzos ojos. Mira desorientada a un lado y a otro hasta que su turbia mirada se fija en la figura de su madre que la observa afligida.
-         Mamá, ¿por qué me has despertado cuando más feliz estaba? Vivía un sueño maravilloso...
-    Cualquiera lo diría viéndote, hija mía, has debido tener una pesadilla. Pero, gracias a Dios, has despertado de ella.
-         Mamá, estás equivocada, fíjate bien. ¿No ves que voy engalanada con un primoroso vestido blanco?
La madre permanece unos segundos en completo silencio, luego, con temblorosos dedos introduce la mano en el bolso, saca un espejito y se acerca sosteniéndole para que Laura pueda verse en él.
-         ¿Quién es esta persona? -pregunta Laura. No la conozco de nada, parece un ser… fantasmal, una loca.
-         Es un ángel, hija, un ángel bueno. Es… una visión asombrosa.

Y conmovida sale del recinto psiquiátrico, limpiándose los ojos con su blanco pañuelito de seda. 

domingo, 9 de junio de 2013



Me olvidé… olvidarte.
Y evoco tu ruego:
¡No me olvides nunca, ni dejes de amarme!

Cómo he de olvidar si yo reclamaba:
¡Tu quiéreme, amor y nunca me abandones!
Acaso tú, tú... ¿ya lo olvidaste?

A mí me es imposible, ni por un instante, olvido.
Y evoco, una y otra vez, tu ruego:
¡No me olvides nunca ni dejes de amarme!

No obstante, tendré que olvidarte…
y olvidar los besos que me diste,
antes, antes... de tu ida.

Más, recuerda, amor,
que para olvidar no basta con irse,
ni con alejarse.

No se va el recuerdo por eso,
y tú bien lo sabes.
Para los amantes no existe el olvido.


¡Los grandes amores son:  INOLVIDABLES! 

sábado, 25 de mayo de 2013


La muchacha de los lirios.

Imagen humana de agua.
Vaga silueta, pequeña forma abriéndose camino entre la niebla;
pálido fantasma, renacido de la bruma.
La muchacha de los lirios,
presenta un aspecto mágico, infantil, como un personaje de teatro.
Envuelta en un extraño aislamiento
parece conducir la mirada hacia una esfera inmaterial.

Sus pasos son como los latidos de un corazón cansado:
lentos, pausados, silentes.

Se desboca mi corazón al contemplar la singularidad
de su semblante, su místico abatimiento.
(Mágica figuración  de la soledad,
sensual hasta la voluntad y el asco).  

Transportado a aquel estado primigenio del alma
reclamo su atención de mil modos, más ella…
cual lánguido ensueño,
cruza delante de mi vista,
en mudo ensimismamiento.

Ni un débil fulgor en sus increíbles ojos, plateados.

Y con ese halo de misterio la vi perderse
en inesperadas lentitudes.

Se adentraba en la nada, como flotando en el aire
entre remolinos de velos blancos.
Límpidos velos de agua.

Se fundía con el amanecer en un suavísimo violeta,
como un desdibujado reflejo.

Mi corazón se ahogó en un grito desnudo,
se arrumbó en la nostalgia.