lunes, 30 de diciembre de 2013

ALEGRÍA    

Viene la alegría, algunas veces, sin dar aviso. Como una llamarada. Cual ave fénix.
Viene desde la cima de un recuerdo, desde los hondos sentimientos, desde el sencillo vivir.
Viene por los caminos de la melancolía, con la frescura del rocío.
Viene a alumbrar mis vigilantes horas. Desde la sombra llameante, desde lo ignoto.
Y es entonces cuando se bendice la suerte por verla aparecer, con su batir de alas: grácil, con esa viva luz de meridiano.
Tiene del sol los cálidos fulgores, del ruiseñor el fino canto y del poniente el ondular del aire.

Delante de mí está. Erigida… cual sol de cien auroras.


Y el corazón a verdecer empieza.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Mis manos
Mis manos, cansadas en la lentitud, se posan sobre mi regazo
en el sigilo anidado, en la figuración.
Mano sobre mano, mis manos,
sosiegan su cansancio de siglos laboriosos.
Se aferran en la inhabilidad y el extravío.
Hacen preguntas al vacío…
Solicitan amparo, mendigan cariño,
buscan el calor de otras manos.
Se alzan confiadas en la celebración de la caricia,
se despliegan en la exquisitez del tacto.
Mis manos, sostienen la verdad delante de mis ojos,
dibujan el mapa de los afectos, se crispan
en la decepción del abandono.
Sienten el frío, la aspereza de la corteza del álamo.
Enarbolan la bandera blanca del sentimiento,
se despliegan en la privacidad de las auroras,
hablan en todos los idiomas,
me salvan de la tristeza.
Son patria, caldero de agua, cazuela ancha, refugio
sin puertas donde todos tienen su lugar.
Mis sarmentosas manos, se mueven en la inercia del intervalo
que va, de la tierna niñez a la apatía de esta desasistida hora.
Amarillas de vejez,
descansan debajo de su sombra.
Se ocultan ante la imposibilidad de alcanzar la luz
en las tardes rigurosas.
Más, todavía, mantienen la fuerza, remueven la tierra,
esparcen la semilla del amor, se abren al sol de la esperanza, mis manos…


miércoles, 11 de diciembre de 2013


LA FUGA DE UN SUEÑO

Se desvaneció mi sueño.
Se deslizó sigiloso, dejándome los ojos sin mirada,
caminó hacia la infinita noche sin mañana.
Vosotras, deidades celestiales de la luz,
salid en pos de su rastro.
Id por las sendas floridas del limbo,
cruzad la niebla preguntando
decid que era el blanco sueño de una frágil inocencia.
Buscadlo.
No cejéis de buscar.
Escrutad por las cavernas del aire,
por los márgenes del cielo,
en los abismos donde el sonido perpetúa la voz.
Y si acaso apareciese...
convencedlo con tiernas dulzuras del regreso,
y que regrese.
¡Ah, si quisiera!
Volvería a relumbrar el sol en el vacío de unos ojos,
sobre unas pupilas estremecidas
con una nueva luz que nunca se extinguiera.
Buscadlo.
Pues un instante bastaría,
para que el espíritu doliente recobrara su sentido de amante fiel.