Si el hombre no perdiera la esperanza y dejara su luz
resplandecer, de la mente y del alma brotaría, como de la tierra, un manantial.
Si e l hombre midiese por metros los hilos de sangre vertida
en el devenir de su vida,
cosería las heridas abiertas en la piel del alma.
Si el hombre no perdiera la calma, ni se entregarla desmán
de sus afanes, encontraría la paz. Llenaría de gloria su existencia, sanarían
los males que minan sus entrañas y haría florecer el corazón.

