Hay que reconocer que el
hábito me sienta bien. Resulta hasta cierto punto interesante ponerse el
disfraz de otro. Tenía ganas de hacer algo así: vestirme de San benito, subirme
a lo alto de una estrella y limitarme a observar.
Desde el instante en que lo
hice dejé de ser el que había sido hasta entonces, ahora soy distinto, con otra
personalidad y tiene sus ventajas. También influye bastante el cambio de
ubicación. Menudo privilegio. Desde aquí arriba puedo contemplar la tierra, la
tengo bajo mis pies, con sólo fijar la vista, alcanzo a ver el mundo sin que me
afecte. Y sin necesidad de moverme. Es el universo el que gira alrededor mío.
Que bonito vivir de esta
manera.
Desde luego, nadie, me hace
despojarme del hábito ni regresar a la tierra. Enmascarado y por encima del
mundo, se vive felizmente.