sábado, 21 de julio de 2012


tus amenas y recurrentes historias, esas que aderezas con menudas especias, y pétalos de rosa
y jugosos extractos con sabores de siempre.

Cuéntame tus historias: a manera que a ti te las contaba la abuela,
en las noches de invierno al amor del hogar.
Las más costumbristas, semejantes a las del cuento de nunca acabar,
y también aquellas en las cuales se describen notables hazañas
de imaginarios superhombres.

Ah, y no dejes de lado la del mito de los fantasmas, ni el modo en que aparecen y desaparecen por la chimenea difuminados entre el humo y las llamas de la lumbre.

Cuéntame tus historias, ficticias o inventadas: que hablen de epopeyas,
de monstruos que se vengan.
Historias fabulosas, de príncipes valientes, de nobles que nos salvan de todos los peligros.
Historias sin palabras, sin luz y sin testigos, sin pausas ni silencios.
Únicamente tú mirada serena y el pulso de mis sienes,
la súplica,
el anhelo...

Y con todo lo que la sombra hace oír.

La sacudida del viento en la arboleda, el crujir de las ramas,
el temblor de las frágiles rosas, el runrún persistente de las aguas
- ese silabeo de la lluvia en otoño -.
La palpitación de las palomas, sus batidas de alas,
el tronar estrepitoso traspasando montañas y valles...

Más no te detengas ahí
porque es mucha la noche y muchas las historias que recobrar hasta
colmar mi interés.

Tal es su sortilegio.


DERRIBADA LA LUZ
Derribada la luz,
los ojos...
a qué se destinan.         
¿Al hurto de los siete colores del arco iris,
a buscar aquellos recuerdos que echamos al fuego,
a la serenidad para aceptar las cosas?
¡Cómo actuar!
¿Escrutar en la tenebrosidad que ennegrece la pupila,
seguir la prolongación tortuosa de la misma,
deslizarse como sangre por las venas
hasta rozar el extravío,
para luego descender hacia una profundidad
donde se manifiesta un sol
que desaloja sombras?
¡Cómo actuar!

jueves, 19 de julio de 2012



 El:        ¿Cómo es que te has levantado hoy tan temprano?

Ella:         Me voy a andar.

   El:         ¿A andar?.

Ella:         Sí, a andar.

   El:         Pues... anda, anda.   

Ella:        ¿Te estás quedando conmigo?

   El:         ¿Yooo?

Ella:          Sí, tuu.  

  El:          Solo he dicho que está bien que andes. 

Ella:         Por eso lo hago, porque es muy sano andar.
 
  El:         Claro mujer, por eso: marcha, a andar.

Ella.        Me voy, sí, ligera... a andar.     

MUJER, inacabado boceto, inacabable certeza. Tierno corazón. Esplendente día. Mujer de aquí y de allá, distante en el sigilo, cercana en el día a día.
Das al atardecer tornasolado brillo. Oyes caer el rocío. Enmudeces el colérico cauce. Eres fructífera raíz, raigambre desplegada por toda la tierra. En ti nacemos y acabamos siendo semilla aventada en el tiempo.
La luz depende de tus ojos, el sol sobrevive en su tez.

lunes, 16 de julio de 2012


DAME UN BESO...

Dame un beso de amanecida que rompa el hielo de mi desdicha.
Dame un beso de media luna, que disipe mis miedos y mis dudas.

Dame un beso de lluvia, déjale caer en el aljibe soterrado de mi boca,
en la mismísima orilla donde acabó la risa por la desilusión.
Dame un beso en múltiples lenguajes sobre la base del sentimiento,
que deshiele la sangre y mi apatía.
No busques pretextos, mi boca está sedienta de tu resabio.

Dame un beso, venturoso, despojado de soberbia:
gozoso, alegre, que ahuyente el recelo anidado al prejuicio.
Un beso enamorado, trasgresor, con el sonoro canto del recuerdo,
que desande los días oscuros de la desesperanza.
Un beso, con celeridad de vuelo para sobrevivir a esta derrota. 

Dame un beso, sofocado, desnudo de promesas, que rinda tributo a la ocasión,
que module, con esa voluntad festiva, los días azules.
Un beso, luminoso que deje en mis pupilas vestigios de su clara transparencia,
un beso colmado de dulzura sobre la cálida cima del corazón.
Dame un beso engarzado a otro beso que no conozca final.