La muchacha de los lirios.
Imagen humana de agua.
Vaga silueta, pequeña forma
abriéndose camino entre la niebla;
pálido fantasma, renacido de
la bruma.
La muchacha de los lirios,
presenta un aspecto mágico,
infantil, como un personaje de teatro.
Envuelta en un extraño
aislamiento
parece conducir la mirada
hacia una esfera inmaterial.
Sus pasos son como los
latidos de un corazón cansado:
lentos, pausados, silentes.
Se desboca mi corazón al
contemplar la singularidad
de su semblante, su místico
abatimiento.
(Mágica figuración de la soledad,
sensual hasta la voluntad y
el asco).
Transportado a aquel estado
primigenio del alma
reclamo su atención de mil
modos, más ella…
cual lánguido ensueño,
cruza delante de mi vista,
en mudo ensimismamiento.
Ni un débil fulgor en sus
increíbles ojos, plateados.
Y con ese halo de misterio la
vi perderse
en inesperadas lentitudes.
Se adentraba en la nada, como
flotando en el aire
entre remolinos de velos
blancos.
Límpidos velos de agua.
Se fundía con el amanecer en
un suavísimo violeta,
como un desdibujado reflejo.
Mi corazón se ahogó en un
grito desnudo,
se arrumbó en la nostalgia.



