martes, 27 de diciembre de 2011


CONTAMINAR

Ana Vadillo Gómez
Por el ojo de la cerradura apreció que se movieron las cortinas, pero no llegó a atisbar quién era el artífice de tal efecto.
Sin embargo, dedujo, que debía ser alguien muy ducho en esos menesteres. La suavidad con que lo ejecutó se lo demostraba.


La luna que se alzaba entre el caserío gris, era más enorme a cada paso. Precedido por la mujer de cabello negro y sucio, atravesó el zaguán y el primer patio. La pieza que le había reservado daba, felizmente, al segundo.
Un mapa de la provincia de Guadalipú y un crucifijo adornaban las paredes; el papel carmesí, con grandes pavos reales repetidos, de cola desplegada. La cama era de hierro; había asimismo, un alto ropero de pino, una mesa de luz, un estante con libros a ras del suelo, dos sillas desparejas y un lavatorio con su palangana, su jarra, su jabonera y un botellón de vidrio turbio. Fue necesario variar la colocación de las sillas para dar cabida al baúl.
De pronto vio la única puerta que daba al patio.
La luna, plateada, continuaba creciendo. Con su resplandor distinguió a la mujer, casi desnuda. Era monstruosa. El artífice había deformado sus fantásticas curvas figurando ramas y finos pámpanos. Comprendió que ya no avanzaba con la valija.
Con el cuerpo recto y los pequeños senos horadando la noche siguió marchando para hundirse en la luna desmesurada hacia ningún destino, ninguna cama, ninguna habitación.

viernes, 23 de diciembre de 2011


Si la luz de la fe...

Si la luz de la fe inundara con su claridad
las cumbres de la indiferencia.
Si el amargor que anida en el corazón de la humanidad
se disipase con una sonrisa franca.
Si la palabra sincera de unos labios amistosos
se llevasen el miedo que devora.
Si bastase una mirada para devolver la serenidad
a unos ojos extraviados.
Si en los dominios del tiempo un sereno sueño
restituyese el cansancio acumulado.
Si una chispa de misericordia prendiese la mecha del sentimiento
para dar calor al mundo.
Si llegase a ser posible que una sola verdad tuviese más poder
de convencimiento que la mejor recompensa.
Si el alto precio de la hipocresía no se pagara con gritos de
silencio.
Si la expresión no fuese el retrato lírico
de la incierta soledad.
Si del frío invernadero del pensamiento creciera
un ideal más fuerte que el interés.
Si alguna vez en los mapas del destino se eliminaran
las cruces en las que ya está escrita la suerte.

Si empuñando una tea de sol hermoseara

toda la campiña.
Si el fuego de un solo beso encendiese la antorcha
de la eterna felicidad.
Tal vez, entonces, de todas las gargantas, agnóstica o creyente,
brotase un ¡aleluya!

martes, 20 de diciembre de 2011

Perder un recuerdo no es perder un paraguas.
Perder el corazón no es perder el bono-bus.
Perder el miedo no es perder una cita.
Perder un amor no es perder la lista de la compra.
Perder un sueño no es perder el equilibrio.
Perder la voz no es perder la vez en la peluquería.
Perder el rumbo no es perder el mando del televisor.
Perder la paciencia no es perder el apetito.
Perder la línea no es perder el metro de la línea 10.
Perder el hilo de la conversación no es perder el ovillo.
Perder la cabeza no es perderse una puesta de sol.

viernes, 16 de diciembre de 2011


Echar a andar, por los caminos abiertos de la vida
con erráticos pasos,
dando traspiés en la vastedad del mundo,
con la ignota visión del espejismo.

Cosido a un temblor que se desliza hacia el exilio
por la mullida hierba de un espacio donde no se estuvo nunca.
Separado por una imprecisa zona gris donde acechan
las indecisiones.

Fascinación y desvelo.
En el corazón una ilusión
capaz de mantener toda una vida en pie.

Y al final, darse cuenta que sólo ha habido esa ilusión,
magnificente, determinante.


domingo, 11 de diciembre de 2011


Estás callada.

Tu mirada desnuda silencios 

           Sostiene las ansias que bullen inquietas

                                                   hace jirones las sedas que envuelven los miedos.
                                         Tu mirada es sueño.

                                     Dibuja paisajes,

                                                   llena de esplendores al páramo seco.

          Tu mirada cautiva

hasta encender pasiones en la sangre del viento.
                                             Tu mirada hechiza,
  seduce a la noche, doblega al arisco fantasma de la oscuridad.
                                                                                            Tu mirada es voz:
                                                es palabra hecha canción
es la esencia del candor,
TU MIRADA.


jueves, 8 de diciembre de 2011


MATAR EL HAMBRE

Conviene reseñar la definición que nos da el diccionario sobre el hambre: Hambre, deseos vivos de comer.
Tiene distintas denominaciones añadidas. He anotado unas cuantas: Hambre, a secas, la más común. Hambrón, o hambre canina. Hambruna, hambre grande. Esta última según se dice, es de las peores. Debe ser por el tamaño.
El hambre se manifiesta de muy diversas maneras: sudores, debilidad, fatiga.
Ahora, otra puntualización, para poder matar el hambre, es necesario tener hambre; conviene dejarlo claro. Sí, porque hay algunos que alardean de no conocer el hambre. Con lo cual, éstos afortunados, están exentos. Suerte para ellos. Porque es durísimo luchar contra el hambre. Y más difícil aún cuando se juntan: el hambre con las ganas de comer. Entonces, la batalla está, casi, perdida.
Combatir, por tanto, el hambre es un empeño reñido. El hambre mina la voluntad, envilece la razón, agudiza el ansia. Es fácil ceder, dejarse dominar por el hambre. El hambre, puede conducir a la locura.
Para evitar cometer una indignidad, lo más aconsejable es interesarse en otras cosas. Claro que a veces es imposible sustraerse a la obsesión. Parece que todo se pone a favor del hambre. Pero no hay que desfallecer.
El entretenimiento es bueno. Cuando estés muy desesperado: sal de casa, vete a dar un garbeo, haz un poco de ejercicio. Si no da resultado porque el hambre en vez de menguar agranda y te devora por dentro, regresa.
Prueba, con la Tele. Quizás no sea buen consejo. (No lo es) Aparece en pantalla Arguiñano, está preparando un suculento estofado: (de chuparse los dedos). Los jugos gástricos comienzan a dar saltos en tu estómago, estimulados por la hambruna, retándote a un duelo.
Nada, nada, no te dejes llevar.
Descorazonado apagas el televisor, coges la revista Diez minutos. Ojeas los titulares, comienzas a pasas hojas, la segunda, la cuarta, la decimosexta, nada que te interese. En la página veinte, algo llama tu atención, lees: sección de postres casaros, fáciles de elaborar. Haga usted su propia tarta. Ummm..., te ves haciendo la masa, el merengue; poniendo la guinda al pastel. La boca se te hace agua. Maldición.
Tiras la revista al suelo te pones en pie, sales con decisión hacia la cocina. Llegas, tiras de la puerta de la nevera rabiosa, curioseas lo que hay dentro, se te van los ojos al queso de burgos, tan tierno, tan, apetitoso. Te revuelves, fuera ya de ti, agarras el cuchillo que, casualmente, está al alcance de tu mano y atacas, atacas, con ferocidad, salvaje. A mordiscos, dentelladas; a degüello. Sin dar tregua a la cordura. Así hasta acabar con la presa.
Considero yo, que ésta, es una muy buena manera de matar el hambre.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El mar que, con pereza, en un vaivén te mece
entre la blanca nieve de tu espuma.
El mar que, en un reflejo te sostiene,
cristalizada en sal ante mis ojos.

Dispersa en la sutil salpicadura,
la luz solar se torna espejo
con tu imagen imantada en mi pupila.
Y a la orilla del agua viene el cielo.

jueves, 1 de diciembre de 2011


Qué hacer.

Qué hacer para guardar en la memoria
la vibración de la tarde,
qué hacer.
Qué hacer para ordenar el incesante tumulto de intervalos,
de una puesta de sol,
qué hacer.
Qué para entallar en el corazón el relieve de la luz,
su pureza y dominio,
qué hacer.
Fragmentada la imagen,
atropellada la sensación,
violentado el reflejo acumulado...

Se contradice el recuerdo.
No señala término,
no enlaza, no ordena,
ni tan siquiera lo numera.
Pues, entonces,
qué hacer para establecer las huellas que marcó su paso.
Qué hacer, qué hacer.