viernes, 29 de septiembre de 2017

El otoño no acaba de salir a la calle, da igual que el sol se asome a su ventana haciéndole guiños,
que la mañana, con voz de locutora de radio, le invite a pasear,
que el semáforo esté verde de envidia.,da igual,
o que estemos en vísperas de fiesta.
El otoño dormita en una desangelada soledad,

deja pasar las horas, enclaustrado en su recámara.

jueves, 7 de septiembre de 2017

LAURA
Laura estaba terminando de abrocharse la cremallera de su vestido blanco, cuando siente que llaman a la puerta de la habitación.
-         Pasen.
Un instante después aparece su madre, exclamando.
-     Oh, hija mía, pareces un ángel... Un ser irreal... Un sueño... Permite que te ayude...
Con manos temblorosas y sin dejar de hacer comentarios halagüeños, procede a colocar bien el tocado. Al terminar de dar los últimos retoques, se separa unos pasos y vuelve a exclamar:
-         Eres la reencarnación de un sueño, verdaderamente...
Enternecida sale de la estancia, limpiándose los ojos con su pañuelito de seda.
Entonces, Laura, se gira hacia el espejo y al verse reflejada en el cristal se queda quieta, como extrañada: “No me reconozco ¿Seré yo, en verdad?” Y cree escuchar el eco de su propia voz contestándola: “Eres un sueño, un sueño, un sueño...”
Y como en un sueño siente que la levantan en vilo unos hombres muy fuertes que, de improviso, han aparecido en la estancia. Laura se mengua atemorizada, más entre esas personas cree distinguir la voz de su amiga del alma, que dice:
-         Vamos, Laura, no querrás que el novio se impaciente por la espera y termine yéndose, antes de la boda.
Se la llevan casi en vuelo hacia el coche que parte rumbo…
-  ¿Vamos a la Iglesia? – y su pregunta se queda en el aire.
<<Laura, acepta usted a Ignacio por esposo y promete amarle todos los días de su vida...>>
-         Sí, quiero. Síí, quieeero. Síííí, quiero. ¡Síííííiii, quieroooooo!...
-         Laura, hija, ¿me oyes?, despierta.
Y Laura, entreabre sus garzos ojos. Mira desorientada a un lado y a otro hasta que su turbia mirada se fija en la figura de su madre que la observa afligida.
-         Mamá, ¿por qué me has despertado cuando más feliz estaba? Vivía un sueño maravilloso...
-    Cualquiera lo diría viéndote, hija mía, has debido tener una pesadilla. Pero, gracias a Dios, has despertado de ella.
-         Mamá, estás equivocada, fíjate bien. ¿No ves que voy engalanada con un primoroso vestido blanco?
La madre permanece unos segundos en completo silencio, luego, con temblorosos dedos introduce la mano en el bolso, saca un espejito y se acerca sosteniéndole para que Laura pueda verse en él.
-         ¿Quién es esta persona? -pregunta Laura. No la conozco de nada, parece un ser… fantasmal, una loca.
-         Es un ángel, hija, un ángel bueno. Es… una visión asombrosa.

Y conmovida sale del recinto psiquiátrico, limpiándose los ojos con su blanco pañuelito de seda. 

lunes, 4 de septiembre de 2017

Verano.  

El verano es una estación muy dada para retomar esas lecturas que se van posponiendo, bien por falta de tiempo u otras razones. La poesía, por ejemplo, reactiva la imaginación y deleita. Reporta un alivio balsámico al desasosiego.

Estar ocioso, no sólo es descansar, que sí que es muy, muy necesario hacerlo, y de igual modo viene bien reflexionar despaciosamente, y deliberar sobre muchas cosas.

Acaso sea en esos días de asueto cuando se está más receptivo y mira uno con más apreciación lo que tenemos a nuestro alrededor y/o nos atañe. Acaso sea también el mejor momento para ahondar en asuntos diversos y explorar en la propia conciencia.
Y hacerse preguntas…
Qué hago, hacia dónde voy, qué me falta, qué bien poseo…
Estas y muchas otras interrogaciones pasan por la cabeza en días veraniegos.

Merece la pena dedicar unas horas a recapacitar, con sosiego, sobre todo ello. Dejemos en suspenso otros compromisos.