Escribo desde la incierta realidad.
Escribo a la orilla del mar, oyendo la música del agua, el ir y venir
de las olas.
Siento como se mecen las letras sobre el papel al compás del océano.
Y veo como las algas lloran un miedo pueril que a la vez se adueña de
mí ser.
Más luego releo lo escrito en esa cara obrera, en esa mirada azul, en
esa boca de finos labios.

