martes, 27 de diciembre de 2011


CONTAMINAR

Ana Vadillo Gómez
Por el ojo de la cerradura apreció que se movieron las cortinas, pero no llegó a atisbar quién era el artífice de tal efecto.
Sin embargo, dedujo, que debía ser alguien muy ducho en esos menesteres. La suavidad con que lo ejecutó se lo demostraba.


La luna que se alzaba entre el caserío gris, era más enorme a cada paso. Precedido por la mujer de cabello negro y sucio, atravesó el zaguán y el primer patio. La pieza que le había reservado daba, felizmente, al segundo.
Un mapa de la provincia de Guadalipú y un crucifijo adornaban las paredes; el papel carmesí, con grandes pavos reales repetidos, de cola desplegada. La cama era de hierro; había asimismo, un alto ropero de pino, una mesa de luz, un estante con libros a ras del suelo, dos sillas desparejas y un lavatorio con su palangana, su jarra, su jabonera y un botellón de vidrio turbio. Fue necesario variar la colocación de las sillas para dar cabida al baúl.
De pronto vio la única puerta que daba al patio.
La luna, plateada, continuaba creciendo. Con su resplandor distinguió a la mujer, casi desnuda. Era monstruosa. El artífice había deformado sus fantásticas curvas figurando ramas y finos pámpanos. Comprendió que ya no avanzaba con la valija.
Con el cuerpo recto y los pequeños senos horadando la noche siguió marchando para hundirse en la luna desmesurada hacia ningún destino, ninguna cama, ninguna habitación.

viernes, 23 de diciembre de 2011


Si la luz de la fe...

Si la luz de la fe inundara con su claridad
las cumbres de la indiferencia.
Si el amargor que anida en el corazón de la humanidad
se disipase con una sonrisa franca.
Si la palabra sincera de unos labios amistosos
se llevasen el miedo que devora.
Si bastase una mirada para devolver la serenidad
a unos ojos extraviados.
Si en los dominios del tiempo un sereno sueño
restituyese el cansancio acumulado.
Si una chispa de misericordia prendiese la mecha del sentimiento
para dar calor al mundo.
Si llegase a ser posible que una sola verdad tuviese más poder
de convencimiento que la mejor recompensa.
Si el alto precio de la hipocresía no se pagara con gritos de
silencio.
Si la expresión no fuese el retrato lírico
de la incierta soledad.
Si del frío invernadero del pensamiento creciera
un ideal más fuerte que el interés.
Si alguna vez en los mapas del destino se eliminaran
las cruces en las que ya está escrita la suerte.

Si empuñando una tea de sol hermoseara

toda la campiña.
Si el fuego de un solo beso encendiese la antorcha
de la eterna felicidad.
Tal vez, entonces, de todas las gargantas, agnóstica o creyente,
brotase un ¡aleluya!

martes, 20 de diciembre de 2011

Perder un recuerdo no es perder un paraguas.
Perder el corazón no es perder el bono-bus.
Perder el miedo no es perder una cita.
Perder un amor no es perder la lista de la compra.
Perder un sueño no es perder el equilibrio.
Perder la voz no es perder la vez en la peluquería.
Perder el rumbo no es perder el mando del televisor.
Perder la paciencia no es perder el apetito.
Perder la línea no es perder el metro de la línea 10.
Perder el hilo de la conversación no es perder el ovillo.
Perder la cabeza no es perderse una puesta de sol.

viernes, 16 de diciembre de 2011


Echar a andar, por los caminos abiertos de la vida
con erráticos pasos,
dando traspiés en la vastedad del mundo,
con la ignota visión del espejismo.

Cosido a un temblor que se desliza hacia el exilio
por la mullida hierba de un espacio donde no se estuvo nunca.
Separado por una imprecisa zona gris donde acechan
las indecisiones.

Fascinación y desvelo.
En el corazón una ilusión
capaz de mantener toda una vida en pie.

Y al final, darse cuenta que sólo ha habido esa ilusión,
magnificente, determinante.


domingo, 11 de diciembre de 2011


Estás callada.

Tu mirada desnuda silencios 

           Sostiene las ansias que bullen inquietas

                                                   hace jirones las sedas que envuelven los miedos.
                                         Tu mirada es sueño.

                                     Dibuja paisajes,

                                                   llena de esplendores al páramo seco.

          Tu mirada cautiva

hasta encender pasiones en la sangre del viento.
                                             Tu mirada hechiza,
  seduce a la noche, doblega al arisco fantasma de la oscuridad.
                                                                                            Tu mirada es voz:
                                                es palabra hecha canción
es la esencia del candor,
TU MIRADA.


jueves, 8 de diciembre de 2011


MATAR EL HAMBRE

Conviene reseñar la definición que nos da el diccionario sobre el hambre: Hambre, deseos vivos de comer.
Tiene distintas denominaciones añadidas. He anotado unas cuantas: Hambre, a secas, la más común. Hambrón, o hambre canina. Hambruna, hambre grande. Esta última según se dice, es de las peores. Debe ser por el tamaño.
El hambre se manifiesta de muy diversas maneras: sudores, debilidad, fatiga.
Ahora, otra puntualización, para poder matar el hambre, es necesario tener hambre; conviene dejarlo claro. Sí, porque hay algunos que alardean de no conocer el hambre. Con lo cual, éstos afortunados, están exentos. Suerte para ellos. Porque es durísimo luchar contra el hambre. Y más difícil aún cuando se juntan: el hambre con las ganas de comer. Entonces, la batalla está, casi, perdida.
Combatir, por tanto, el hambre es un empeño reñido. El hambre mina la voluntad, envilece la razón, agudiza el ansia. Es fácil ceder, dejarse dominar por el hambre. El hambre, puede conducir a la locura.
Para evitar cometer una indignidad, lo más aconsejable es interesarse en otras cosas. Claro que a veces es imposible sustraerse a la obsesión. Parece que todo se pone a favor del hambre. Pero no hay que desfallecer.
El entretenimiento es bueno. Cuando estés muy desesperado: sal de casa, vete a dar un garbeo, haz un poco de ejercicio. Si no da resultado porque el hambre en vez de menguar agranda y te devora por dentro, regresa.
Prueba, con la Tele. Quizás no sea buen consejo. (No lo es) Aparece en pantalla Arguiñano, está preparando un suculento estofado: (de chuparse los dedos). Los jugos gástricos comienzan a dar saltos en tu estómago, estimulados por la hambruna, retándote a un duelo.
Nada, nada, no te dejes llevar.
Descorazonado apagas el televisor, coges la revista Diez minutos. Ojeas los titulares, comienzas a pasas hojas, la segunda, la cuarta, la decimosexta, nada que te interese. En la página veinte, algo llama tu atención, lees: sección de postres casaros, fáciles de elaborar. Haga usted su propia tarta. Ummm..., te ves haciendo la masa, el merengue; poniendo la guinda al pastel. La boca se te hace agua. Maldición.
Tiras la revista al suelo te pones en pie, sales con decisión hacia la cocina. Llegas, tiras de la puerta de la nevera rabiosa, curioseas lo que hay dentro, se te van los ojos al queso de burgos, tan tierno, tan, apetitoso. Te revuelves, fuera ya de ti, agarras el cuchillo que, casualmente, está al alcance de tu mano y atacas, atacas, con ferocidad, salvaje. A mordiscos, dentelladas; a degüello. Sin dar tregua a la cordura. Así hasta acabar con la presa.
Considero yo, que ésta, es una muy buena manera de matar el hambre.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El mar que, con pereza, en un vaivén te mece
entre la blanca nieve de tu espuma.
El mar que, en un reflejo te sostiene,
cristalizada en sal ante mis ojos.

Dispersa en la sutil salpicadura,
la luz solar se torna espejo
con tu imagen imantada en mi pupila.
Y a la orilla del agua viene el cielo.

jueves, 1 de diciembre de 2011


Qué hacer.

Qué hacer para guardar en la memoria
la vibración de la tarde,
qué hacer.
Qué hacer para ordenar el incesante tumulto de intervalos,
de una puesta de sol,
qué hacer.
Qué para entallar en el corazón el relieve de la luz,
su pureza y dominio,
qué hacer.
Fragmentada la imagen,
atropellada la sensación,
violentado el reflejo acumulado...

Se contradice el recuerdo.
No señala término,
no enlaza, no ordena,
ni tan siquiera lo numera.
Pues, entonces,
qué hacer para establecer las huellas que marcó su paso.
Qué hacer, qué hacer.

lunes, 28 de noviembre de 2011


TUS OJOS

Al abrir tus ojos, si es por la mañana, todo el universo viene a tu ventana.
Se apartan las sombras, la calma se ensancha canta un: Aleluya y...                                                       el viento se para.
Y si parpadeas por la luz del sol                      todo el horizonte se pinta de azul.
Si alzas la mirada se arrodilla el mundo, florecen los valles y el cenit... divaga,           pero si la bajas, se oscurece el cielo,               el campo adolece envuelto en nostalgia.
Sobre tus pestañas se duerme la luna,     suspira la noche de envidia, tal vez,         desde el infinito la llama un lucero          
para que tus ojos, le miren a él.
Porque tus pupilas cuentan los secretos      que esconde tu alma                                       
y si no lo hacen, se enfada el silencio  
lloran las estrellas                               
y tus ojos: ¡Hablan!

viernes, 25 de noviembre de 2011


Mitades de disculpa y de consuelo


De niño soñaba, instalado en un instante,
cabalgaba a la par de las estrellas
como un jinete en la tormenta,
traspasando épocas y reinos
con su sencillo mirar
azul violeta.

Se reafirmaba
asido a la delicia del ensueño,
sin prever que hay una raya
intangible, que va
del júbilo
al declive del entusiasmo,
a los fríos miedos,
al primer dolor,
al grito,
al vacío de la noche en el oído.

Tal vez no fuera un sueño,
tal vez creyó que tenía que escapar
tras los que escapan.

Tal vez, como era infante,
se le olvidó
mirar atrás mientras corría.

Sólo era un niño,
queriendo defender ante sí mismo
sus posibilidades. 

lunes, 21 de noviembre de 2011


Andar por la costumbre
cual ave migratoria,
cruzar las estaciones de la existencia,
llevar en las alas los afectos,
y seguir la ruta de las aguas.

Acabar siendo una mota de polvo
volada en el tiempo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

A la sombra temblorosa de los tilos

rememoro un amor, después de hacerse ensueño.

Oh fuego del amor, que me inflamaste
para después dejarme sin sueños que vivir,
te aclamo
y no me amparas, siquiera en esta tarde,
sino con un recuerdo que causa más dolor.

Adentrarse en esa penumbra de lejanía temporal
percibiendo olores como de otra época.
La sensación de oasis que da una umbría de álamos
y el fresco de un arroyo

Aquellos benditos tiempos pertenecen
a una sola mujer: a un único amor.
Y es que yo existía sobre la blanca emoción
de un sentimiento.

Se duelen los párpados 
de sentir tan de cerca la luz de aquellos sacros días
y verse tan lejos de su influjo.

Éramos ángeles sondeando las simas.
Ríos de vida bañando el universo.
Noches de plata.
Brillantes lunas nuevas.

Más hoy, sin necesidad de abrir los ojos,
advierto, para mi desdicha,
que la imagen que se representa
está tan sólo en mi pensamiento.

La única impronta que me queda
es... observar como el distante sol
contempla con desdén el día
y la tarde otoñal da vueltas sobre sí.


lunes, 14 de noviembre de 2011


DAME UN BESO...

Dame un beso de amanecida que rompa el hielo de mi desdicha.
Dame un beso sobre mi frente que baje por las cumbres de Occidente.
Dame un beso que sepa a beso y venza al crispado desaliento.
Dame un beso de media luna, para que disipe mis miedos y mis dudas.
Dame un beso aquí, en la orilla, donde acabó la risa por la desilusión.
Dame un beso de llanto déjale caer en el aljibe soterrado de mi boca.
Dame un beso encendido, haber si deshiela la sangre y mi apatía.
Dame un beso en múltiples lenguajes sobre la misma base del sentimiento.
Dame un beso de agua, fresquísimo respiro para mi ajada boca.
Dame un beso, no busques pretextos, mi boca está sedienta de tu resabio.
Dame un beso desnudo de promesas, el inclemente invierno va quedando atrás.
Dame un beso en mis deslustrados labios con el sonoro canto de la tarde.
Dame un beso, venturoso, despojado de soberbia.
Dame un beso sofocado, con celeridad de vuelo que enaltezca el aprecio.
Dame un beso descarnado, en el cálido valle de la ilusión.
Dame un beso sin fin para sobrevivir a esta derrota. 
Dame el beso que baila en tu boca. Prende la hoguera que anida en mi centro.

jueves, 10 de noviembre de 2011


ME JUEGO LA VIDA O LA CAMBIO

Me juego la vida contra la suerte que nos da la espalda:
en un choque de ideas.
Por robar un perdón a quien se llevó mis sueños.
Me juego la vida en un acto de soberbia,
en una apuesta descabellada: por una cita con Satanás.
Y la juego o la cambio,
por alcanzar la dureza del grafeno,
al encontrar mi rostro en un espejo de inversión refractaria
ante el temor de de perder mi identidad
o trasmutarme en un androide sin sexo;
por dejar de ser ese eslabón perdido entre el pirata y el cerdo,
porque el loco del volante pise el freno,
un instante de sosiego,
la fiabilidad de la razón.
Me juego la vida,
en una callejuela donde la luna no entra sin escolta.
Para escapar de la garra de los celos,
al tropezar con una oscura sombra,
por salvar a Caperucita del lobo feroz (un desviado).
Cambio mi vida después de darnos un beso,
por la mera ordenación de las cosas
llegar a donde llegaron los buenos,
honrar a los vivos y a los muertos,
todos aquellos que moran desperdigados, habiendo sido.
La cambio por una compañía desinteresada,
por dormir cada noche entre el calor de unos amorosos brazos,
por tomarme un café, al filo de la madrugada,
en la, decadente y sin par, ciudad de la Plata,
la cambio, definitivamente,
por un cesto de pétalos de rosas
o, porque deje de soplar el viento.

lunes, 7 de noviembre de 2011


VIAJAR en las viejas victorias, en su intensa corriente, traspuesto de vanidad.
Viajar entre la brisa que draga el silencio, más allá de aquel límite,
que delimita otro término, aún sin revelar.
Viajar como el que huye, entre la niebla de sus seculares miedos.
Viajar pisando la nieve que despinta el sendero.
Viajar por un mundo roto en islas, con el aliento amordazado para no delatarse.
Viajar hacia el pasmo de la constelación menos visible,
hacerse invisible, desvanecerse, desgastarse y volverse borroso,
mientras va cayendo, silenciosamente, cada queja, cada sollozo o risa
hasta fosilizarse en lo alto de los olmos.

sábado, 5 de noviembre de 2011


Esta mañana gris. Y este desánimo.
Y este rincón en penumbra. Y esta soledad.
Y esa nube frente a la ventana
que opaca la etérea luz

Y este temblor otoñal en la garganta.
Y esta afectación. Y este rumor de fondo.
Y esta vibración en los cristales,
que desboca el corazón.

Y este viento silbando en lo alto de la tapia.
Y esta triste canción. Y esta existencia muda.
Y esta estriada voz 
que se desgarra de no decir.

Y esta pereza acomodada. Y esta pesada sed.
Y este esconderse la frialdad entre mis senos
en esta hora sin fondo,
desnuda de color.

Y este sortilegio de la sombra.
Y este sueño azul.

viernes, 4 de noviembre de 2011

HE APRENDIDO que si algo asusta,
prestar oídos al corazón devuelve el sosiego.

He aprendido que si estás confusa,
únicamente la ternura hace el milagro
y devuelve al espíritu la serenidad.

He aprendido que ante el miedo,
el espacio de los ojos va: del efecto cegador
a la negrura del discernimiento.

He aprendido que el júbilo deslumbra,
torna ruborosa la mirada y
hasta la propia voz, se angosta entre los labios.

He aprendido que en el corazón
se desatan olas que sobrepasan a la edad
en un retorno inexorable hacia su origen.

He aprendido que la noche,
en su lobreguez, esconde los sueños
y deja desasida la voluntad del vivir.

He aprendido que el tiempo huye de nosotros
y nos deja irremediablemente atrás,
en la levedad de la luz.

He aprendido que si de puntillas llegó la aurora
un demorado mar, pausadamente,
puede alcanzar el borde mismo del arco iris.

He aprendido que una parte de mi
tira hacia la luz y la alegría,
y todo lo demás se deshace en el viento.

He aprendido a no creer en lo que ven mis ojos.

martes, 1 de noviembre de 2011


Esta mujer de oscura cabellera,
esta mujer que viste bata blanca,
esta mujer de espíritu magnánimo,
regala amor a las dolientes almas.

A esta mujer, la trajo el viento
de allende de los mares.

Debajo de la tierra,
debajo del subsuelo
excavo con las uñas
en busca de recuerdos.
          
II

Prefiero ser muerto entre los muertos
que ser muerto viviente entre los vivos,
poniente de días ya volados
en futuros sin tiempo.

viernes, 28 de octubre de 2011


Miro sus manos. Esas que tantas veces y con tanta ternura, tomaban mi mano mientras me susurraba: ¿Te vienes de paseo?
Mi corazón saltaba de alegría y sus ojos reían al verme feliz.
Acomodaba su paso a mis pequeños pasos para cruzar la calle, mirando de lado a lado y, en un acto de cariño, presionaba sus dedos en mi palma para hacerse entender que no me detuviese en medio de la vía.
Ahora son mis manos las que ciñen sus dedos, ellas sirven de abrigo para esa fría piel que ni el mismísimo sol entibia. 
Ahora es el afecto quien mitiga los fríos.
Lo mismo, igual a entonces, sus manos en mis manos, más hoy esos temblones dedos se aquietan con el tacto, se prestan al amparo, al calor de otra vida (sangre).
Hoy para ti estos versos, estas añoranzas, mi corazón en cada palabra.




lunes, 24 de octubre de 2011


                        Introspectivo         

Al nacer: Gritos
Relámpagos de luz
Infancia que salta.

Extender entonces la mirada limpia y retadora
Efímera escala
Blanca quimera
Las calles como ríos y el pájaro en la rama  (J. R. J.)

Doliente y vana queja
Tórtola presa
Primavera clara
En ella va su cielo azul y el sosiego del ave.

Defensa,
Atrevimiento audaz de asir el viento
Escuchar su sonoro canto
Y meter todo el asombro entre las alas.

Lienzo de áspera trama
Orfandad
Alfileres líquidos-lágrimas
Mirada cristalizada.

Silencio frío
Tierra quemada
Agua
Celaje que se erige en amenazante duelista.

Mercader de sangre
Ingrato destino.

miércoles, 19 de octubre de 2011

EN TIERRAS BAJAS

Aún no ha acabado el tiempo.
No, todavía no ha acabado el tiempo de las sombras.

Falta un trecho ciertamente angosto en tierras bajas,
mirando paisajes sin paisajes.

Ay, peregrino: habrás de seguir. Sin ruido,               
sin ruido.

Únicamente el canto de los pájaros
y el sueño caliente en el pecho.

Y el corazón ahí, ahí.



lunes, 17 de octubre de 2011


A veces, nuestra memoria hecha manos de la historia para escribir un poema.

A veces en el libro de la historia encontramos la respuesta a las dudas que laceran nuestra alma.
A veces mirándose al espejo del ahora las preguntas son historias que perturban el sosiego.
Sin entender la razón alumbra nuestra memoria verdades, sino resolutas, expeditamente creíbles, que marcaron otra época.
Los historiadores, entre una nube de miedos, pudieron transcribir su versión sobre los hechos.
Tal como Eneas y su amigo Acates se ocultaron para poder contemplar la ciudad de la fenicia Dido.
Así podemos tener idea de qué manera organizaban su existencia los dioses.
O el modo con que fueron arrojadas las naves de los troyanos, sobre las costas de áfrica por la rencorosa Juno. - Grave afrenta para los súbditos fieles -
Y como escaparon Eneas y sus compañeros de la catástrofe de Troya.
El poder de los dioses era un sarmiento que abarcaba Constantinopla.
A veces, la obstinación arruina las arcas de los mercenarios. - Los argumentos suplantan la verdadera intención de los viles-.
A lo largo de los siglos, la violenta tempestad de odio marcó el pasado y echó por tierra las garantías de perdón.
Asimismo, las garantías de paz, son solo papel mojado que se deshace en el tiempo, a la vista las guerras.
Se advierte que la estupidez de los fatuos anegó de sangre los jardines de la epopeya.
Entre los cimientos de la antigua roma, quedó enterrada el alma de muchos inocentes.
Por todo ello, cuando abrimos algunos libros de historia nos salpica el odio que engendraron ciertas acciones.
Dejemos que el corazón pase delante de la razón y así, el oscuro pasado, cobrará un tinte rosáceo...

viernes, 14 de octubre de 2011

Hoy doblan las campanas de todas las estrellas.
Nos sobra dolor y nos falta alguien. Mi alma siente frío en su gruta de huesos.
Basilio duerme aquí. Aquí late el origen de nuestra dignidad: lo real, lo concreto. 
Más nada nos brinda a tal punto la impresión de que todo se aleja.
Somos al fin y al cabo simples sobrevivientes en la épica diaria.
La vida nos coloca en un amanecer aventurado, para luego rendirnos a un pensamiento sobre el límite de la noche desierta.
Basilio, mi padre, pertenecía a esas generaciones que jamás se atrevieron a coger lo que deseaban, a ser lo que querían. Su historia, como la de millones de personas, estuvo cuajada de privaciones, sujeta a unas reglas.
En esencia, era una persona íntegra. Una persona de bien, de férreo coraje y caudalosa amistad. De sano juicio y trémulo afán, con una voluntad inquebrantable y una empatía manifiesta. Era amigo de sus amigos, fiable, por su conciencia; tenía las ideas muy claras; basaba los conceptos en su propia experiencia más que en las doctrinas impuestas, a veces, por los demás. Encaraba las adversidades con valentía e intrepidez, en ocasiones sin evaluar el riesgo.
No tenía vanidad, ni prejuicios contra nadie, ni envidias... tenía, eso sí: un corazón tierno y dulzura en los ojos, e íntimos dones que no enumero.
Por la razón, por el amor, por aquél épico invierno del 2000 que anduvo de acá para allá desafiando inclemencias para estar junto a Eugenia. Por las palabras que en un crepúsculo dijera (Que la vida va matando literal y metafóricamente todo lo que vas dejando atrás: mata tu infancia; lo que fuiste y lo que quisiste ser y luego los recuerdos y los olvidos; mata de verdad, como un rayo furioso).
Y es que al hombre se le puede arrebatar todo, salvo la última de sus voluntades: su actitud personal frente al destino.
Y con todo su vivir murió. Él, él, tan admirable.

Ahora que me he levantado huérfana
para sentirme yo, para entenderme
mejor, de otra manera, él será...
la pura referencia siempre, la eterna referencia.


miércoles, 12 de octubre de 2011


En el calor de la noche

El Inspector jefe de homicidios permanecía en pie revisando unos papeles dentro de su despacho cuando siente que llaman a la puerta. Simultáneamente oye la voz de su ayudante pidiendo permiso para entrar. Antes de concedérselo, se apoltrona en la butaca de detrás de la mesa, abre el cajón que cae a su derecha, saca una botella y da un largo trago de ron. Con presteza vuelve a guardarla en el mismo lugar, carraspea para aclararse la garganta y luego, elevando la voz emite un lacónico: <<¡Adelante!>> 
Un hombre de mediana edad, alto, delgado y talante sereno, que contrasta con la vivacidad de sus oscuros ojos, hace acto de presencia.
-          Siéntese, Martínez. ¿Trae alguna novedad?
-          Sí, señor. Hemos encontrado a una mujer y por la descripción que reza en nuestro poder..., en fin, estamos casi seguros de conocer su identidad...
-          No se ande por las ramas y dígame, ¿Quién es ella?
-          Una joven que no sobrepasa la treintena.
-          ¿Dónde fue hallada?
-          En el lago, muy en la margen izquierda, casi en la orilla...
-          ¿Y qué les indujo a suponer, que en ese punto tan concreto?...
-          Después que los buzos fondearan las zonas más profundas, sin rastro alguno, tuvimos la corazonada... Y atinamos.
-          ¿Aún no ha sido verificada su identificación por los denunciantes?
-          No, señor inspector. Se ha dado aviso ya a los familiares para que acudan al Anatómico forense...
-          ¿Cuándo, cuándo se supone que ocurrió el fatal...? 
-          Anteanoche. Dos días después de que denunciaran su desaparición.
-          El dieciséis de Junio –murmura el inspector, repasando sus notas-. ¿Algo más?.
-          No señor..., pero en cuanto surja algo nuevo...
-          Está bien, Martínez: buen trabajo.

Cuarenta y ocho horas más tarde, jefe y ayudante, mantienen una comunicación telefónica, muy confidencial. Martínez pone al tanto a su superior de los avances que se van produciendo sobre el caso que les ocupa. Le confirma que la fallecida es Victoria Robredo, una estudiante de medicina, hija de D. Manuel, maestro de primaria, muy apreciado entre la vecindad. <<Y en todo el pueblo>>, confirma el inspector.
En cuánto al resultado de la autopsia, también le informa de una revelación sorprendente: que a la víctima no le sobrevino la muerte por ahogamiento, sino por un infarto de miocardio. <<Qué me está contando, Martínez>> << Exactamente eso ha dicho el forense. Se cree que le inyectaron una sustancia, pero aún falta determinar cual.>>  <<¡Señor, señor, qué cosas!>>

Han transcurrido cuatro meses, tres semanas y cinco días, desde aquella exclamación del inspector. En este intervalo de tiempo han quedado claras varias cosas, entre ellas, que la causa de la muerte de Victoria Robredo, sobrevino por efecto de una sobredosis de una pócima venenosa que le provocó un colapso y el consiguiente paro cardiaco, después fue arrojada al lago, ya cadáver; probablemente para despistar o ganar tiempo.
Reunidos de nuevo, el mismísimo inspector, su ayudante y el detective de la científica, Andrés Segovia, -hombre de una clarividencia notoria y un físico imponente. Razón por la cual es más conocido entre los colegas, por diversos motes: Andrés la roca, por su fuerza, Andrés el trueno, por su bronca voz, Andrés la tempestad, por sus estruendosas risotadas. Una vez el voluminoso expediente colocado sobre la mesa, los tres, se disponen a cotejar datos y preparar nuevas estrategias de investigación.
-          ¿Qué nuevas traen?, -les insta el inspector. ¿Tiene ya algún sospechoso al que se le pueda atribuir?...
-          Bueno, además de interrogar a varios allegados y amigos de la fallecida, hemos hecho un seguimiento continuo, vigilando sus movimientos, pero no hay nada de que acusarles; todos ellos tienen su coartada, por ese lado no parece que hayamos avanzado mucho.
-          Pero habrá alguien por ahí que...
-          No se puede imputar a nadie, solo porque a nosotros nos parezca sospechoso, jefe.
El detective, hace un gesto con la cabeza dando a entender que está de acuerdo con lo que dice Martínez.
-          Verá, inspector, - comienza diciendo- hay varios frentes abiertos. De algunas fuentes ya nos están llegando pistas muy fiables sobre un individuo..., aunque no descartamos ninguna hipótesis.
-          No desde luego, pero, eso no sirve de mucho: quiero resultados, resultados, y los quiero cuanto antes, -y para dar más énfasis a sus palabras, golpeaba con los nudillos en la mesa-. Este asunto se está alargando demasiado y hay que darle carpetazo ya mismo. Así pues, a trabajar.
-          Sí, señor, -responde su ayudante.
-          Creo que no tardaremos mucho en descubrir al verdadero culpable, -vuelve a insistir el detective.
Dos días más tarde aparece en la Comandancia de la guardia civil el detective Andrés Segovia, viene acompañado de dos policías. Solicitan la presencia de Martínez. Cuando están frente a él le dicen sin más que vienen a arrestar al inspector. <<¿Cómo?, -la exclamación brota de los labios del hombre, como un silbido. ¿Se han vuelto ustedes locos, son conscientes de lo que están diciendo? 
Como ellos afirmaran volvió a insistir.
<<¿Tienen pruebas que justifiquen?... >> << Hay pruebas fehacientes para no dudar que el homicida no es otro que el mismísimo señor inspector, o sea: su jefe>> <<Disculpen que no lo crea. ¿Porqué iba mi jefe a hacer una monstruosidad semejante?>> <<Eso tendrá que confesarlo él, delante de quién corresponda. Nosotros únicamente venimos a cumplir las órdenes del Comisario>>
No hubo ninguna resistencia por parte del susodicho al ser acusado, más bien parecía que sintiera alivio, al menos, tuvieron esa impresión los agentes cuando le arrestaron.