HE APRENDIDO que si algo
asusta,
prestar oídos al corazón
devuelve el sosiego.
Si estás confusa,
únicamente la ternura hace el
milagro
y devuelve al espíritu la
serenidad.
Que ante el miedo,
el espacio de los ojos va del
efecto cegador
a la negrura del discernimiento.
Que el júbilo deslumbra,
torna ruborosa la mirada y
hasta la propia voz, se
angosta entre los labios.
Y en el corazón
se desatan olas que
sobrepasan a la edad
en un retorno inexorable
hacia su origen.
He aprendido, también, que la
noche,
en su lobreguez, esconde los
sueños
y deja desasida la voluntad
del vivir.
Que el tiempo huye de
nosotros
y nos deja irremediablemente
atrás,
en la levedad de la luz.
Y si de puntillas llegó la
aurora
un demorado mar,
pausadamente,
puede alcanzar el borde mismo
del arco iris.
Asimismo, he aprendido, que una
parte de mi
tira hacia la luz y la
alegría,
y todo lo demás se deshace en
el viento.
He aprendido a no creer en lo
que ven mis ojos.