La puerta de mi casa no necesita cerraduras, siempre permanece abierta.
La puerta de mi casa da la
bienvenida a todo aquél que llega con necesidad de cobijo.
La puerta de mi casa se
descubre ante las primeras claridades del día.
los buenos augures,
provenientes de los montes del amor y la amistad.
La
puerta de mi casa: es memoria…
Presencia, representación de
amparo, soporte.
Es
apoyo del hombre que presiona la
palma contra su recia madera y retrocede para mirar su propia huella.
Es
testigo mudo de las idas y venidas de las personas que circulan, como denso
enjambre.
Es un estandarte, una bandera
blanca.
Da medida de la sombra, del
desolado invierno; oye los gritos que dejan su rastro en el aire.
Por la puerta de mi casa se
entra buscando descanso tras una jornada laboriosa.
Se entra para resguardarse
del frío de la desafección, de los miedos.
Se entra aspirando calma,
después de haber cruzado los senderos de la noche y sus arcanos.
Se
entra para calentar el corazón con los afectos.
La
puerta de mi casa da acceso a la quietud, al asombro, a la gozosa bulla.
La puerta de mi casa está
abierta a la vida, a la muerte, a la locura.
A los sueños tan llenos de color.
A la susurrante mañana,
A
las estaciones,
A
las épocas,
A esa esperanza inconsciente que
pervive en el interior del alma humana.


