jueves, 23 de febrero de 2017





La puerta de mi casa no necesita cerraduras, siempre permanece abierta.

La puerta de mi casa da la bienvenida a todo aquél que llega con necesidad de cobijo.
La puerta de mi casa se descubre ante las primeras claridades del día.
Deja entrar la luz del sol, el dulce aroma de las plantas; deja entrar el amor,
los buenos augures, provenientes de los montes del amor y la amistad. 
La puerta de mi casa: es memoria…
Presencia, representación de amparo, soporte.
Es apoyo del hombre que presiona la palma contra su recia madera y retrocede para mirar su propia huella.
Es testigo mudo de las idas y venidas de las personas que circulan, como denso enjambre.
Es un estandarte, una bandera blanca.
Da medida de la sombra, del desolado invierno; oye los gritos que dejan su rastro en el aire.
Por la puerta de mi casa se entra buscando descanso tras una jornada laboriosa.
Se entra para resguardarse del frío de la desafección, de los miedos.
Se entra aspirando calma, después de haber cruzado los senderos de la noche y sus arcanos.
Se entra para calentar el corazón con los afectos.

La puerta de mi casa da acceso a la quietud, al asombro, a la gozosa bulla.

La puerta de mi casa está abierta a la vida, a la muerte, a la locura.  
A los sueños tan llenos de color.
A la susurrante mañana,
A las estaciones,
A las épocas,
A esa esperanza inconsciente que pervive en el interior del alma humana.


lunes, 13 de febrero de 2017

Amantes

Amantes que viven el instante como si fuera único.
Corazones que palpitan al unísono en un vértigo azul, en comunión con los colores de la tarde.
Entre risas y abrazos reafirman los fuertes lazos en un temblor
que deshoja la hora.
Sólo son ellos y sus cuerpos y su vivo deseo –verdad desnuda. Blanco embeleso.
No hay sitio para las palabras, ni lugar para la espera, por ese incendio interior que los está consumiendo.
Seducción y osadía retadora en combate con ese resplandor manifiesto en sus rostros y en sus pupilas.
Se besan sin conciencia y sin intervalo, el ansia los asedia.
Extraviados en el laberinto de la complacencia, arden de gozo y enloquecen en la ebriedad más honda del placer.
Fomentan la locura con regocijo de niños traviesos.
Agonizan en arrullo y delectación.

A su alrededor, el tiempo parece haber modificado su curso.


lunes, 6 de febrero de 2017


El más imprescindible de los derechos humanos es
el derecho al silencio.
Puedes sentarte en una biblioteca
y recitar mentalmente a una muchacha de al lado.
Siempre es necesaria una luz para

distinguir otra luz.