martes, 21 de febrero de 2012



Aquella noche no hubo estrellas.
ni una minúscula señal, de luz.
Oscuridad,
únicamente oscuridad,
cerrazón entre las nubes.

Nos tapaba los ojos la desgana,
nos ataba las manos el aburrimiento.
Nos abrumaba tanta negritud
tanto silencio.
Aquella noche no hubo estrellas,
el peso de la monotonía nos impedía movernos.

Tardé en adivinar
que las emociones agonizan en la ofuscación.
Tardé en darme cuenta
que se atrofia el pensamiento
en la comodidad.
Tardé,
tardé bastante, en advertir
que la tiniebla mengua la razón.

Aquella noche no hubo estrellas
no pude verte entre la bruma del tedio.
No supe ver los hilos divisorios entre mi vaga
conciencia y tu cuerpo.

Aquella noche no hubo estrellas,
difícil descubrir
en que momento bajó el espíritu celeste
y desplazó el cielo,
regulando los senderos del vivir.

martes, 14 de febrero de 2012


AMARTE en la hora lunar
siendo testigo mudo el sentimiento.

Amarte entorno a un marco de tupido verdor
a son de la corriente de un riachuelo.

Amarte en el jardín secreto de los sueños
con la libertad del pájaro o la flor.

Amarte cuando cae el silencio
sintiéndote desnudamente estremecida.
Sabiéndote viva,
sabiéndote luz y desde la cual vivirme.

Amarte en la evidencia de un abismo de tiempo:
hasta que tu alma me de la libertad.

Amarte porque duele esperar,
porque duele el grito de la carne.

Amarte en la inminencia del nuevo día,
en la inminencia de lo que, a poco, será recuerdo.

martes, 7 de febrero de 2012


* A veces viene la tristeza


A veces viene la tristeza
desde el sol que oculta las orillas y su transparencia,
desde la madrugada que se llevó el ensueño,
desde un adiós que se quedó en espera.

A veces viene
escondida entre la lluvia,
en un éxodo furtivo,
con un intenso olor a primavera.

Viene, la tristeza,
a metamorfosear la calma,
a enredar el orden,
a viciar la luz.

Y viene también, a veces,
revestida de cansancio,
amparada en su simplicidad,
sin razón de ser tristeza.

Con la humedad rezumada del tiempo.

A veces guarda la tristeza un triste pesar,
y una chispa de ternura.
y un perdón envuelto en aire,
y una calidez remota.

Se muestra, a veces, la tristeza
como un rosal en invierno,
en la creencia de verse
con los nuevos brotes favorecida.
Irrumpe, desvelada,
en el asombro de una mañana.
                      Y tal mutación,
                      desmorona la estructura de la edad.

 

* Este poema está basado en uno del mismo título de

J. Á. Valente, en homenaje a tan insigne poeta.




jueves, 2 de febrero de 2012

Se me van los ojos a tu boca,
esa encarnada rosa me está pidiendo un beso,
-tentación florecida en unos labios-.
Ofrenda como reclamo para un siervo atribulado
que se rinde ante esa flor.

Yo bebo la libertad que tú liberas,
apago mi sed en el manantial de purísimas aguas,
y el corazón emerge renovado.