jueves, 28 de julio de 2011


MATAR EL HAMBRE

Conviene reseñar la definición que nos da el diccionario sobre el hambre: Hambre, deseos vivos de comer.
Tiene distintas denominaciones. He anotado unas cuantas: Hambre, a secas, la más común. Hambrón, o hambre canina. Hambruna, hambre grande. Esta última según se dice, es de las peores. Debe ser por el tamaño.
El hambre se manifiesta de muy diversas maneras: sudores, debilidad, fatiga.
Ahora, otra puntualización, para poder matar el hambre, es necesario tener hambre; conviene dejarlo claro. Sí, porque hay algunos que alardean de no conocer el hambre. Con lo cual, éstos afortunados, están exentos. Suerte para ellos. Porque es durísimo luchar contra el hambre. Y más difícil aún cuando se juntan: el hambre con las ganas de comer. Entonces, la batalla está, casi, perdida.
Combatir, por tanto, el hambre es un empeño reñido. El hambre mina la voluntad, envilece la razón, agudiza el ansia. Es fácil ceder, dejarse dominar por el hambre. El hambre, puede conducir a la locura.
Para evitar cometer una indignidad, lo más aconsejable es interesarse en otras cosas. Claro que a veces es imposible sustraerse a la obsesión. Parece que todo se pone a favor del hambre. Pero no hay que desfallecer.
El entretenimiento es bueno. Cuando estés muy desesperado: sal de casa, vete a dar un garbeo, haz un poco de ejercicio. Si no da resultado porque el hambre en vez de menguar agranda y te devora por dentro, regresa.
Prueba, con la Tele. Quizás no sea buen consejo. (No lo es) Aparece en pantalla Arguiñano, está preparando un suculento estofado: (de chuparse los dedos). Los jugos gástricos comienzan a dar saltos en tu estómago, estimulados por la hambruna, retándote a un duelo.
Nada, nada, no te dejes llevar.
Descorazonado apagas el televisor, coges la revista Diez minutos. Ojeas los titulares, comienzas a pasas hojas, la segunda, la cuarta, la decimosexta, nada que te interese. En la página veinte, algo llama tu atención, lees: sección de postres casaros, fáciles de elaborar. Haga usted su propia tarta. Ummm..., te ves haciendo la masa, el merengue; poniendo la guinda al pastel. La boca se te hace agua. Maldición.
Tiras la revista al suelo te pones en pie, sales con decisión hacia la cocina. Llegas, tiras de la puerta de la nevera rabiosa, curioseas lo que hay dentro, se te van los ojos al queso de burgos, tan tierno, tan, apetitoso. Te revuelves, fuera ya de ti, agarras el cuchillo que, casualmente, está al alcance de tu mano y atacas, atacas, con ferocidad, salvaje. A mordiscos, dentelladas; a degüello. Sin dar tregua a la cordura. Así hasta acabar con la presa.
Considero yo, que ésta, es una muy buena manera de matar el hambre.

martes, 26 de julio de 2011


El viento no delimita el anhelo de una vida
ni fija el verdor de los campos.
No se amolda al acompasado latir del corazón
ni repele el fulgurar de una estrella.

El viento no destella en su ascensión hacia el vacío
ni conforma una flor perecedera.
No se adhiere a un pensamiento
ni se ciñe a una idea.

El viento no es un irse y no retornar,
es un ir para venir más tarde.
Un escapar, un esconderse,
un suspenderse en la nada.

En viento no se enlaza en los bordes
es un abanico informe,
un batir de palmas en la lejanía,
un nómada sin patria.

A veces asoma, extiende sus alas
acelera, oscila, se repliega,
cesa o se propaga.
Levanta en vilo la tierra sojuzgada.

martes, 19 de julio de 2011


No, no eres tu un grito enmudecido por
inmensos otoños.
No, no eres tu un vacío sosiego,
un reposo indiferente,
una boca sellada.
Tu eres esa sonoridad que recoge la tarde
y resuena en mi oído,
eres estrella en un combate de relámpagos.
Un ver hondo a través de la fe,
un latir a ciegas en busca de la luz;
una verdad presente, afrontando la suerte
de los días.
Júbilo de mayo que nos abraza a todos.

lunes, 18 de julio de 2011


SOMBRA

SOMBRA que te asomas al abismo.
con exaltada pulcritud.
Sombra que asombra y deslumbra
con el reflejo de la luz,
y empuja
y te hace ir con deseos ebrios
detrás de la nada.

Sombra sin edad, volada en el tiempo
desde el principio
en que le diera la luz el ser,
asida a todo aquello que todavía está vivo
con aquello que va muriendo,
con aquello que viene naciendo,
todas las cosas a todas las cosas,
incluso cuando no parece que las una,
a ello y ellas, más que aquello
que a la vista los separa.

Errante sombra que se esconde en el envés
de las hojas,
en su tupida bastedad,
y antes de alcanzar los límites imprecisos del verdor
se vence
y en su caer, deja un rastro de secretos perdidos
en la tarde.

Sombra hostil que viene como quién huye
de los lugares oscuros,
a sofocar la sedienta tristeza de las flores
y se deshace en el estío.

Sombra, entre sombras embobadas,
que muerde el polvo de las veredas asombradas,
y desanda los senderos
donde dejara su huella la luz.


Sombra de vértigo que resbala
hacia el blanco silencio.


sábado, 16 de julio de 2011

Prodigios


Se han unido la flor, el oro vespertino y mi hambre,
para reencarnarse en un realismo
de todos los colores.
Siempre queremos que lo maravilloso nos deslumbre,
a pesar de no entender si el prodigio se presenta
sólo para recordarnos su existencia
o, de paso, establecer un orden
ante un espacio tan luminoso y desnudo.

Aunque me ganaba la tristeza, sonreí agradecida
al mirar aquellos esplendores, 
disímiles al impulso devorador
que se lo iba tragando todo, hasta robarle
a la excelencia sus perfiles.

Mi hambre, casi ansia,
tenía, sin embargo su ley.
Una ley propia,
una ley ajena a otras vigilancias,
que ignoraba los límites
precisos de su fondo.

Mi hambre vagaba sin encontrar apoyo.
Atravesaba las líneas del vacío
flotando sobre espinos de alambre
claveteados bajo un cielo gris plomizo,
y me precipitaba con urgencia hacia
un magma blanco y viscoso.

Vivimos en otras vidas y la del instinto.



miércoles, 13 de julio de 2011


                                                   UN ADIOS

    
Un adiós se llevó:
La sombra de la duda,
una voz que perturba
y mil frases de amor.
¡La noche más hermosa,
un beso en la memoria
y todo un porvenir!

Un amor se llevó:

Los tiernos alborozos

de las primeras citas,
y aquél rincón a oscuras.
Las dulces serenatas,

y aquellas primaveras

desnudas de temor.
Y tu perdón, sin voz,
        por no guardar distancia,
        provocando un rubor
        en cada poro de piel...
          
   La suerte de un destino,
un racimo de sueños
sujetos al decoro...
Un adiós se llevo
el fuego de unos labios
las ansias de unas manos
y un libro de poemas
El ave maría, de J. S. Bach,
la quinta de Beethoven
y nuestra sociedad
El rastro de una fuga.
un retrato olvidado,
y una gentil figura
entre la niebla, gris...

domingo, 10 de julio de 2011

 
DEJADME HABLAR.

Dejad que mi boca se exprese,
dejad que de mis labios salgan las palabras,
dejadme hablar...
Dejad que mi aliento de sonido se ahogue,
hasta que su música os haga escucharme.
Pues tengo necesidad de decir,
y tengo ganas de hablar.
Dejadme contar
que el ansia ya silba entre los dientes,
y el alma se escapa por las comisuras de la boca.
Dejad que abra las puertas a mi voz,
de nada sirve callar
cuando las caracolas de mi laringe, son un altavoz:
dejad que diga... dejadme hablar.

sábado, 9 de julio de 2011


Aquella noche no hubo estrellas.


Aquella noche no hubo estrellas,
ni una minúscula señal, de luz.
Oscuridad,
únicamente oscuridad,
cerrazón entre las nubes.

Nos tapaba los ojos la desgana,
nos ataba las manos el aburrimiento.
Nos abrumaba tanta negritud
tanto silencio.
Aquella noche no hubo estrellas,
el peso de la monotonía nos impedía movernos.

Tardé en adivinar
que las emociones agonizan en la ofuscación.
Tardé en darme cuenta
que se atrofia el pensamiento
en la comodidad.
Tardé,
tardé bastante, en advertir
que la tiniebla mengua la razón.

Aquella noche no hubo estrellas
no pude verte entre la bruma del tedio.
No supe ver los hilos divisorios entre mi vaga
conciencia y tu cuerpo.

Aquella noche no hubo estrellas,
difícil descubrir
en que momento bajó el espíritu celeste
y desplazó el cielo,
regulando los senderos del vivir.

La lechuza


Miraba el cielo negro disuelto en el reluz. Ni árboles ni casas. Destierro.
Oscuridad repartida en lo inmediato y el vacío de la noche en el oído.
Así estuvo un rato la lechuza, reposando en una incertidumbre que le ofrecía, con la misma simplicidad, una conquista y una derrota.
Mientras, el corazón permanecía en un frío lejano y corría a otro sitio.
¿Alguien sopló en su oído falsas esperanzas? Aquella energía, acaso, viniera del silencio y la sonoridad de ese silencio abarcaba más de lo que veían los ojos. Una senda empedrada hacia la luz.


jueves, 7 de julio de 2011


FABIO


Fabio va y viene apresurado de un lado a otro de la barra del bar, con su sucio delantal y su puro a medio consumir en la comisura de los resecos labios. Expele el humo por las fosas nasales y cada vez que entreabre la desdentada boca arroja una vaharada ingente, a resultas de lo cual, su cara queda difuminada durante un breve instante, entre la nube gris, mientras él realiza diversos menesteres; bien secando vasos o colocando tazas de café sobre sus correspondientes platos. 
Cuando algún cliente le reclama levanta sus saltones ojos grisáceos enfocándolos directamente a la persona en cuestión antes de hacerle la consabida pregunta: ¿qué va a ser?
Al hablar, unas diminutas partículas de ceniza caen difuminadas sobre el mostrador. Con sus regordetas manos trata de limpiar la suciedad de la superficie, más lo único que logra es un tiznón perceptible en su propia piel. Sin preocuparse por ello y una vez oída la petición del parroquiano, se dispone a servirle el cubalibre. Toma un vaso alto y pone tres cubitos de hielo que coge de una cubeta, con sus enquistados dedos, de la misma forma agrega un gajo de limón y luego, sin ningún miramiento, le coloca sobre el mostrador; seguidamente trata de alcanzar la botella de ron que está expuesta en un estante, bien a la vista pero no al alcance de Fabio pues, debido a su corta estatura, no llega ni empinándose, por lo que se ve obligado a alargar todo cuanto le es posible el brazo derecho; logrando al fin su propósito aunque no sin perjuicio. Ya que de tanto estirarse la tela de la camisa se desgarra por la sobaquera dejando al descubierto un matojo de rizosos y humedecidos pelos marrones. Con las mejillas encendidas por tan denodado esfuerzo y resoplando como un elefante, desenrosca el tapón, vierte una generosa cantidad de líquido y, de forma mecánica, vuelve a cerrar el envase de vidrio. A continuación, complementa la bebida con una refrescante naranjada. Ya por último, en un mutismo imperturbable, se lo acerca al cliente, rozándole la mano sin pretenderlo, con la cochambrosa bocamanga de su camisa azul.  

miércoles, 6 de julio de 2011

CALLAR, a veces, es comprender que
el grito puede no dejar oír la música
que ocultamente pervive en los silencios.

Callar, algunas veces, es acallar toda palabra
no justificada y obviar que flote en el aire
como un abejorro que juega a alcanzarte.

Callar, no por costumbre, sino porque la voz
precisa de reposo. Y ese mismo callar
te reconcilia con el sonido de otras voces.

Callar en abandono y libertad
es dar oídos al sortilegio del agua
ya que es más fuerte que los remordimientos.

Callar en esa media noche borrosa,
en esa atmósfera de aparición o milagro
como rindiendo un homenaje al inmaterial eco.

Callar hasta encontrar el corazón
desorientado, por la resaca del invisible mar.
Silenciar esa voz  que vuela por los aires despedazada.

Callar, y sin embargo, jamás enmudecer
ante la voz que se erige como un ángel
custodio de todas las demás.





martes, 5 de julio de 2011


Y ES SIEMPRE el flujo y reflujo de las mareas,
el movimiento ondulado de las aguas,
el crispante desorden, el sumo escándalo.

Y es el tránsito incesante de los segundos
la vertiginosa  marcha de las horas,
el trajín eterno que mueve al universo.

Trajín, que de igual forma, mueve al hombre
y le hace correr con su sangre ebria.
Ávida de amor, de fe, de valores vivos.

Y es siempre esa enloquecida confianza,
lo que le hace caminar hacia lo inevitable,
con su poder al descubierto.

Ve su sombra pegada a su costado, a su costumbre,
a su práctica, y se reafirma así mismo.
Si llegase a donde el aire va con su alianza y vuelo...

Y pone el oído y siente sus pasos en la tierra.

lunes, 4 de julio de 2011

ANA REFLEJADA EN EL ESPEJO


Entre la luz y su cimiento,
el milagro de una desnuda alborada.

Una frágil consistencia, una cabecita rizada,
un espíritu animoso que fue configurándose
en una pausada niñez.

Un perfil de adolescente,
un interrogante con sonrisa de seda.
Un mirar que va más allá del linde de la casa.
Que refleja una inquietud transparente,
y se pierde en el confín de los farallones más vetustos.
Y en los peñascos de su rebeldía
-espejismo de su libertad-
están impresas sus imploras de cristal.

 

Una voz chispeante, como el agua que baja del valle,

marca y seña de su identidad.
Un resonar de incorpóreas resonancias.

Una gaviota, que tiene un alma lacustre,
-apasionada defensora de causas perdidas-
amante de la música, la lectura, la poesía...

Una fantasmagoría de los espíritus dormidos.

 

Una hoja que flota en intangibles remolinos.


Unos ojos despiertos en la silenciosa nocturnidad.

Unos brazos cargados de amapolas.

Un corazón sediento de afecto.

Un blando regazo para los suyos..