viernes, 30 de septiembre de 2011


OCTUBRE

Elena, apartó el café del fuego y con precaución destapó el puchero. Opinaba como su padre: si lo dejaba reposar unos instantes, adquiría mejor sabor y no había necesidad de usar el colador pues los posos se asentaban en el fondo.
En el intervalo, se acercó a la ventana y observó el panorama, a través del cristal.
<<Presiento que antes de que acabe el día estará diluviando. Esas nubes que cubren gran parte del cielo lo presagian. También mis huesos lo barruntan. Son los más fiables meteorólogos, se resienten al menor cambio atmosférico. Con estos signos tan significativos se presenta octubre. Octubre, octubre... >>
El intenso aroma del café había ido inundando la estancia. Se dijo así misma:
<<Va, lo que tenga que ser será. Ahora lo acuciante es acallar los gritos del estómago. Un buen tazón de café me entonará y veré las cosas con otra perspectiva. En cuando los efectos del mejunje se diluyan en mi sangre, octubre será un abril florecido. >>
Mientras saboreaba el líquido elemento iba sopesando la conveniencia de avisar a los abuelos, por si no habían estado atentos a las predicciones sobre el mal tiempo que se avecinaba, respetando la norma que primaba en su familia: “Evitar riesgos innecesarios para no sufrir males mayores”.
Fiel a esa premisa, se levantó decidida, descolgó el teléfono y realizó la llamada de alerta. Luego regresó sobre sus pasos, con la sensación de que la primera acción del día estaba hecha. Se sirvió otra buena medida del delicioso bebedizo, en la misma taza de antes. Saciada la apetencia, un bienestar rayano en la euforia parecía invadirla. El café obraba en su organismo tal resultado.
Parecido poder sobre su persona ejercía octubre, pero en sentido inverso, estaba comprobado. En un pasado octubre, perdió unas interesantes oposiciones, en otro más cercano falleció su canario y en el último octubre, se había divorciado.
<<Considerables hechos en ese mismo mes, se dijo irónica>>.   
El presente octubre apenas acababa de llegar y con él su apacible sosiego; claro que ahora estaba preparada para asumir cualquier riesgo. Por si acaso..., quedaba mucho café aún en el puchero.


martes, 27 de septiembre de 2011


Sosiego

Si el hombre no perdiera la esperanza y dejara su luz resplandecer, de la mente y el alma brotaría, como de la tierra, un manantial.


Si el hombre midiese, por metros, los hilos de sangre

vertida en el devenir de su vida,
cosería las heridas abiertas en la piel del alma.

Si el hombre no perdiera la calma,

                            ni se entregara al desmán de sus afanes,
                        encontraría la paz.
Llenaría de gloria su existencia,
sanarían los males que socavan sus entrañas
y haría florecer el corazón.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Amor, que entre tus llamas vivas mi espíritu de emoción ardía
consumido en el álgido afán,
al evanescente azul de los luceros.
Hoy, que su rayo de luz ya no me alcanza
como un haz de centellas.

Seré como la luna,
andaré discreta por los cielos ensombrecidos del presente
más llegará un momento
que habré de pactar con ella y retornar a las sendas
donde antes florecían las amapolas.

lunes, 19 de septiembre de 2011


Romance

Allá en los siglos pasados
en la ciudad de Granada,
vivió una noble familia:
lo más granado de España.
El señor, de nombre Enrique,
la señora, doña Juana
y el fruto de sus amores
-gran orgullo de la dama-
Manuel de la torre Díez
infante de noble casta.
Proezas de mucha bravura
le aportaron grande fama,
meritoria fue la gesta
del reino que sumó a España.
Marqués le nombrara el Rey
por tan singular hazaña
y un infantado añadió,
siervos, para su labranza.
Estos le rendían tributo,
le servían de buena gana,
creyéndole tan valiente:
igual que a un dios alababan.
- Buena estrella a usted le guíe
señor de ilustre crianza,
buen hijo, de los insignes:
don Enrique y doña Juana.
Prestigio añadió a su nombre,
renombre a tan noble casa,
¿autoridad? nadie niega,
riqueza, se ignora cuanta.
Si su coraje es notorio,
su gallardía era tanta
que a hembra que el galán mirase,
mujer quedare prendada.
Sus conquistas amorosas
por decenas se contaban,
sólo una se es sabido,
a sus cortejos negara.
La más dulce y virtuosa,
la más gentil de las damas.
Hija de un hidalgo hombre,
conocido aristócrata.
Manuel juró por su honor
hacer suya a la muchacha,
el mismo tesón ponía
que para ganar batallas.
- Juro por mi nombre a Dios
que desposaré a esa dama,

así me cueste la suerte,
no cejaré, en mi campaña.
En la corte de palacio,
vestirá como sultana,
entre tanta jerarquía
será la más respetada.
Tan seguro estoy de eso
como ducho en tal demanda.
Más ella tan virtuosa,
se guardaba y resguardaba
al amparo de los suyos
sin tomar lo que él brindaba.
El Marqués, por su desaire
no era el mismo, se notaba,
perdió peso, ganó celos,
y ni soltaba palabra.
Perdido en su ensoñación
consumía la mañana,
en la tarde, extraviado,
iba, venía, suspiraba...
Sus padres le reprendían
esa actitud tan extraña.
- Hijo mío: ponle fin,
otras muchas te idolatran.
- Ninguna que se iguale a ella,
respondía de mala gana.
Optó por otra medida
para ganarse a la dama.
- Si con promesas y halagos
no he ganado esta cruzada...
¡De algo ha de servir mi hombría!,
renegaba en su recámara.
Preparó otra estratagema,
y raudo corrió a su casa.
Regresó de muy mal ver,
arisco, con la muchacha
asida sobre su hombro,
como si fuese una saca.
- No quisiste por las buenas:
aquí estarás apresada
hasta vencer tu ojeriza
o concluya mi esperanza.
Con su cuantiosa fortuna
reforzó la gran muralla
que circundaba el castillo,
donde recluyó a la dama.
Quién sabe Dios que vilezas
encierra el hombre en su alma,
por muy noble que éste sea:
de alta cuna o buena casta.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Por encima de la voz
el eco.
Por debajo de las estrellas
una sombra de duda.

Y en medio del océano
un naufrago a la deriva.

lunes, 12 de septiembre de 2011

La música se expande como las corrientes del tiempo.

Sube desde el centro de la tierra,
nace de todas las cosas:
del vuelo de los pájaros,
de entre los labios del hombre;
del rechinar de sus dientes.

Y está en la lluvia,
en la rúbrica del viento,
en el firmamento, convertida en estrella.

La música no precisa espacio, está en el corazón:
restaña las heridas, serena el espíritu,
da alas a la fantasía,
está en tu nombre, en el corazón del hombre.

La música debe ir hacia las cosas construyendo una escala de arpegios
con el canto del hombre.

La música está más allá de los sometimientos.

Ella está en todas las cosas menos en la muerte.

viernes, 9 de septiembre de 2011


En tanto que del índigo al violeta
la tarde va a esconderse en el ocaso,
una brisa, destemplada, se abre paso
siseando que la noche ya está ahí.

y en tanto el pobre seto a la intemperie
entre brillo lunar y oscura nube
de tanta irradiación agranda los colores,
los torna renegridos por infaustos;

tal es así que el verdor de las hojuelas,
el verde encanto que da forma al cercado,
cubre su fruto y altera su rutina.

Da enojo el cariz que toma el temporal.
Ay de la flor color añil y la violeta
a merced del inclemente vendaval.

domingo, 4 de septiembre de 2011


CUÉNTAME TUS HISTORIAS
tus amenas y recurrentes historias,
esas que aderezas con menudas especias,
y pétalos de rosa
y jugosos extractos con sabores de siempre.

Cuéntame tus historias:
a manera que a ti te las contaba la abuela,
en las noches de invierno
al amor del hogar.

Las más costumbristas,
semejantes a las del cuento de nunca acabar,
y también aquellas en las cuales se describen
notables hazañas de imaginarios superhombres.
Ah, y no dejes de lado:
la del mito de los fantasmas
que aparecen y desaparecen por la chimenea
difuminados entre el humo del hogar…

Cuéntame tus historias, ficticias o inventadas,
que hablen de epopeyas
de monstruos que se vengan.
Historias fabulosas, de príncipes valientes,
de nobles que nos salvan de todos los peligros.
Historias sin palabras, sin luz y sin testigos,
sin pausas ni silencios.
Únicamente tú mirada serena
y el pulso de mis sienes,
la súplica,
el anhelo...

Y con todo lo que la sombra hace oír.

La sacudida del viento en la arboleda
el crujir de las ramas
el temblor de las frágiles rosas,
el runrún persistente de las aguas
- ese silabeo de la lluvia en otoño -.

La palpitación de las palomas
sus batidas de alas,
el tronar estrepitoso
traspasando montañas y valles...

-         Más no te detengas ahí
porque es mucha la noche
y muchas las historias que recobrar
hasta colmar mi interés.

Tal es su sortilegio.