Mitades de disculpa y de consuelo
De niño soñaba, instalado en un instante,
cabalgaba a la par de las estrellas
como un jinete en la tormenta,
traspasando épocas y reinos
con su sencillo mirar
azul violeta.
Se reafirmaba
asido a la delicia del ensueño,
sin prever que hay una raya
intangible, que va
del júbilo
al declive del entusiasmo,
a los fríos miedos,
al primer dolor,
al grito,
al vacío de la noche en el oído.
Tal vez no fuera un sueño,
tal vez creyó que tenía que escapar
tras los que escapan.
Tal vez, como era infante,
se le olvidó
mirar atrás mientras corría.
Sólo era un niño,
queriendo defender ante sí mismo
sus posibilidades.

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