Crepúsculo.
Ya los gorriones tornan a sus nidos.
Una apacible calma respira el atardecer.
Pálidas ondas de luz bailan una antigua danza frente a mi ventana
-Tornasol de colores que luce el poniente-.
Vistosa, transparencia que empalidece la puesta de sol.
Sus últimos rayos asfaltan de oro viejo las calles.
Lánguidas sombras azules trepan hacia los balcones.
Unas suaves brumas cubren de un revestimiento cobrizo las fachadas de las casas.
Ya el crepúsculo, va escondiendo los colores en su talud.
Y el ocaso deriva en una penumbra gris.

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