He aquí un alma extraviada en un sueño
que al dictado de una voz se tensa,
mostrando en la expresión de su rostro
todas las inseguridades.
Que en su mismo aislamiento
parece aventurarse
por las llanuras fértiles,
la tierra incógnita más alejada,
las luces ambiguas de la melancolía.
Orillándose de vez en vez
como se orilla la tarde
al borde de la fuente,
revoloteando por los aires sin una meta precisa,
mientras
los perros ladran
y el miedo
al dictado del silencio,
se encamina dando brincos hacia el lento atardecer.

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