Aquí vinimos a descansar –expresó mi esposo, con voz en grito, al
verme recién levantada con las zapatillas de deporte puestas. ¿A qué vienes tú mujer?
Vengo a liberarme del tedio y la monotonía. Vengo para dejar de oír el
lastimero ladrido del perro de la vecina. Vengo para ver lo que un tiempo antes
no existía y sentir el bienestar furtivo que aquí se recoge: recordar lo que es
estar vivo. Vengo, especialmente, para estar a solas contigo y a recobrar desde
este mismo instante, la alegría.

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