ADIOS pero no a la vida, no a la
inocencia, no a la luz de unos vivísimos ojos, no a las risas en la boca de un
niño, no al amigo, no a la rosa florecida.
Adios, pero no a la poesía, no al
dulcísimo recuerdo, no a la alegría recién estrenada, no a ese inmenso amor
aquietado en el presente azul de los ensueños.
Adios al reloj, a la pereza que
revive entre las sábanas; a las viejas promesas incumplidas, a la torva mentira
enmascarada en verdad.
Adios al pertinaz mutismo, a la
engañosa calma; a los miedos que acechan en mitad de la noche, al frío latente,
al silencio profético.
Adios al cigarrillo, a la ira, la rabia, el enfado, el hondo
desaliento; los recelos sustentados en la nada.
Adios pero no al hondo querer que
nos redime.
Adios. Hasta luego, hasta-más-ver.

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