Despertarte a medias. Comprender
al instante que podías seguir así toda la mañana, y también la mañana del día
siguiente, y las del otro, porque hoy es “día festivo”.
Saborear este secreto placer, este placer relajante, tibio, merecido e
irreprochable que de vez en cuando, desciende sobre ti como una gracia divina.

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