Echar a andar,
por los caminos abiertos de la vida
con erráticos pasos,
dando traspiés en la vastedad
del mundo,
con la ignota visión del
espejismo.
Separado por una imprecisa
zona gris donde acechan
las indecisiones.
Cosido a un temblor que se
desliza hacia el exilio
por la mullida hierba de un
espacio donde no se estuvo nunca.
Fascinación y desvelo.
Si bien, en el corazón una
ilusión
capaz de mantener toda una
vida en pie.
Y al final, darse cuenta que
sólo ha habido esa ilusión,
magnificente, determinante.
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