Desde el corazón.
¿Cómo deciros que soy, ciertamente, ese atardecer en la
sombra
donde el cansancio se revela,
donde la oscura pupila mendiga el penúltimo rayo de luz.
Que tengo entre mis manos el oscuro tedio de la puesta de
sol.
Que soy débil pero me mantengo en pie y sigo
y siento que me muevo bajo la inercia del instante,
despojado de acontecimientos.
Que mis pupilas vierten melancolía fría.
Y esos sentimientos me arrancan una lágrima que nunca verá
nadie.
Que los mochuelos ponen una nota de escalofrío en la noche.
Que a veces una llamada nos salva de las tinieblas.

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