OTOÑO
Languidece la tarde. El
valle exhala una suave fragancia.
El viento entona un
melancólico canto otoñal.
La campiña es un tapiz
tornasolado.
En otoño la naturaleza
se trasforma, corrige sus formas,
cambia de tonalidad.
El color se ajusta a su
medida: se afina, se difumina,
se diluye en la grafía
del paisaje.
Con esa bella estampa
natural, la mente divaga,
se recrea, conforma
ideas
en una base de delirios,
sin norma ni cuidado.
La pupila se torna
ruborosa,
y la mirada se humedece
de azul.

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