sábado, 11 de octubre de 2014

Escribo a la fresca sombra de una acacia.
Escribo desde la incierta realidad.
Escribo a la orilla del mar, oyendo la música del agua, el ir y venir de las olas.
Siento como se mecen las letras sobre el papel al compás del océano.
Y veo como las algas lloran un miedo pueril que a la vez se adueña de mí ser.


Más luego releo lo escrito en esa cara obrera, en esa mirada azul, en esa boca de finos labios.

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