jueves, 5 de febrero de 2015

Llegará un momento y no muy tarde
en que caminaré escondido en los zapatos,
con la mirada recogida en busca de su centro.

Llegará un momento y no muy tarde
en que las ideas se apolillarán
en los armarios del pensamiento.
En que ni un bendito sueño restituya
el cansancio acumulado.
La mera ordenación de las cosas
resulte tarea azarosa,
lo cierto siembre dudas en la conciencia
y en mi oído
deje de soplar el viento.

Llegará un momento y no muy tarde
en que sobre mí las estaciones
resbalen como la lluvia
por el tallo florido de las plantas.
Las lágrimas se abrirán paso
sin que yo les dé permiso
y la voz se enredará en mis labios
en un duelo de signos desnudos.

Navegaré las horas sin sombra ni pasado
en ese triste estado de la desmemoria.
La soledad, como un imán,
se pegará a mis huesos
y el rastro de un beso
se lo habrá llevado el vendaval del olvido.
Andaré por ahí, a la búsqueda de nadie,
por la mañana a coger aire,
por la tarde a administrar su don.

Llegará un momento y no muy tarde
en que un inclemente viento se cuele en mi sangre
y, la piadosa noche desvaine su sable
al despuntar el alba,
en ese empeño de traspasar la luz
a quién el sol ignora en la mañana.


Ana Vadillo

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