La lujuria
Es como un animal bravío, no
impone pausa,
embiste sin misericordia ni
conciencia,
emite susurros ansiosos en mi
oído,
acosa mi respirar.
Se disfraza de tierno
cordero, sin piel ni huesos
pero despliega su poder incorpóreo.
Vive en mi razón y mis
silencios,
me roba los sueños
prodigiosos,
tira abajo las puertas de la
decencia.
Su voz corroe el rojo de mi
sangre.
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