Recuerda,
díscolo mirlo,
cuando pretéritas
albas rociaron las primaveras
todo el placer
que palpitó en tus alas,
será la seda que
lustre mi gastada edad.
Ahora, cuando el
sol se desvanece,
cuando ya tus
miedos no pueden sostener
ni su corpórea
entidad, te invoco, pájaro loco,
a remontar el
vuelo de mi fe.
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