lunes, 4 de septiembre de 2017

Verano.  

El verano es una estación muy dada para retomar esas lecturas que se van posponiendo, bien por falta de tiempo u otras razones. La poesía, por ejemplo, reactiva la imaginación y deleita. Reporta un alivio balsámico al desasosiego.

Estar ocioso, no sólo es descansar, que sí que es muy, muy necesario hacerlo, y de igual modo viene bien reflexionar despaciosamente, y deliberar sobre muchas cosas.

Acaso sea en esos días de asueto cuando se está más receptivo y mira uno con más apreciación lo que tenemos a nuestro alrededor y/o nos atañe. Acaso sea también el mejor momento para ahondar en asuntos diversos y explorar en la propia conciencia.
Y hacerse preguntas…
Qué hago, hacia dónde voy, qué me falta, qué bien poseo…
Estas y muchas otras interrogaciones pasan por la cabeza en días veraniegos.

Merece la pena dedicar unas horas a recapacitar, con sosiego, sobre todo ello. Dejemos en suspenso otros compromisos.

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