Verano.
El
verano es una estación muy dada para retomar esas lecturas que se van
posponiendo, bien por falta de tiempo u otras razones. La poesía, por ejemplo,
reactiva la imaginación y deleita. Reporta un alivio balsámico al desasosiego.
Estar
ocioso, no sólo es descansar, que sí que es muy, muy necesario hacerlo, y de
igual modo viene bien reflexionar despaciosamente, y deliberar sobre muchas
cosas.
Acaso
sea en esos días de asueto cuando se está más receptivo y mira uno con más
apreciación lo que tenemos a nuestro alrededor y/o nos atañe. Acaso sea también
el mejor momento para ahondar en asuntos diversos y explorar en la propia
conciencia.
Y
hacerse preguntas…
Qué
hago, hacia dónde voy, qué me falta, qué bien poseo…
Estas
y muchas otras interrogaciones pasan
por la cabeza en días veraniegos.
Merece
la pena dedicar unas horas a recapacitar, con sosiego, sobre todo ello. Dejemos
en suspenso otros compromisos.
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