Dejamos en el
día nuestro granito de historia, invisible a otros ojos
que no sean los nuestros.
Dejamos en el día señales en el ala del sombrero de la mañana,
y algunas gotas de sangre,
como fino rocío,
para regar la tierra.
Dejamos en el día palabras y
silencio,
la blanca y oscura emoción,
el cálido aliento y el hondo sentimiento que guarda nuestro pecho
y el fuego que llamea
en mi interior.

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