martes, 21 de junio de 2011


OCTUBRE

Elena, apartó el café del fuego y con precaución destapó el puchero. Opinaba como su padre, dejándolo unos instantes reposar, se concentraba mucho más el sabor, con otra ventaja añadida: no había necesidad de usar el colador pues los posos se asentaban en el fondo.
En el intervalo, se acercó a la ventana y observó el panorama, a través del cristal.
<<Presiento que antes de que acabe el día estará diluviando. Esas nubes que cubren gran parte del cielo lo presagian. También mis huesos lo barruntan. Son los más fiables meteorólogos, se resienten al menor cambio atmosférico. Con estos signos tan significativos se presenta octubre. Octubre, octubre... >>
El intenso aroma del café inundaba la estancia. Se dijo así misma:
<<Va, lo que tenga que ser será. Ahora lo acuciante es acallar los gritos del estómago. Un buen tazón de café me entonará y veré las cosas con otra perspectiva. En cuando los efectos del mejunje se diluyan en mi sangre, octubre será un abril florecido. >>
Mientras saboreaba el líquido elemento iba sopesando la conveniencia de avisar a los abuelos, por si no habían estado atentos a las predicciones sobre el mal tiempo que se avecinaba, respetando la norma que primaba en su familia: “Evitemos riesgos innecesarios para no sufrir males mayores”.
Fiel a esa premisa, terminó de beberse el último sorbo de café, se levantó decidida, tomó el teléfono y realizó la llamada, con la sensación de que la primera acción del día estaba hecha. Luego regresó sobre sus pasos sirviéndose, en la misma taza de antes, otra buena medida del bebedizo. Saciada la apetencia, un bienestar rayano en la euforia pareció invadirla. El café obraba en su organismo tal resultado.
Parecido poder sobre su persona ejercía octubre, pero en sentido inverso, estaba comprobado. En un pasado octubre, perdió unas interesantes oposiciones, en otro más cercano falleció su canario y en el último octubre, se había divorciado.
Cuantos hechos coincidentes en ese mismo mes    
El presente octubre apenas acababa de llegar y con él su apacible sosiego, lo presentía,; claro que ahora estaba preparada para asumir cualquier riesgo. Por si acaso..., quedaba mucho más café en el puchero.


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