ANA REFLEJADA EN EL ESPEJO
Entre la luz y su cimiento,
el milagro de una desnuda alborada.
Una frágil consistencia, una cabecita rizada,
un espíritu animoso que fue configurándose
en una pausada niñez.
Un perfil de adolescente,
un interrogante con sonrisa de seda.
Un mirar que va más allá del linde de la casa.
Que refleja una inquietud transparente,
y se pierde en el confín de los farallones más vetustos.
Y en los peñascos de su rebeldía
-espejismo de su libertad-
están impresas sus imploras de cristal.
Una voz chispeante, como el agua que baja del valle,
marca y seña de su identidad.
Un resonar de incorpóreas resonancias.
Una gaviota, que tiene un alma lacustre,
-apasionada defensora de causas perdidas-
amante de la música, la lectura, la poesía...
Una fantasmagoría de los espíritus dormidos.
Una hoja que flota en intangibles remolinos.
Unos ojos despiertos en la silenciosa nocturnidad.
Unos brazos cargados de amapolas.
Un corazón sediento de afecto.
Un blando regazo para los suyos..
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