Se unió la flor, el oro vespertino y mi hambre, para reencarnarse en un realismo de todos los colores.
Siempre queremos que lo maravilloso nos deslumbre a pesar de no entender si el prodigio se presenta
sólo para recordarnos su existencia o, de paso, establecer un orden ante un espacio tan luminoso
y desnudo.
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