El viento no delimita el anhelo de una vida
ni fija el verdor de los campos.
No se amolda al acompasado latir del corazón
ni repele el fulgurar de una estrella.
El viento no destella en su ascensión hacia el vacío
ni conforma una flor perecedera.
No se adhiere a un pensamiento
ni se ciñe a una idea.
El viento no es un irse y no retornar,
es un ir para venir más tarde.
Un escapar, un esconderse,
un suspenderse en la nada.
En viento no se enlaza en los bordes
es un abanico informe,
un batir de palmas en la lejanía,
un nómada sin patria.
A veces asoma, extiende sus alas
acelera, oscila, se repliega,
cesa o se propaga.
Levanta en vilo la tierra sojuzgada.

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