No, no eres tu un grito enmudecido por
inmensos otoños.
No, no eres tu un vacío sosiego,
un reposo indiferente,
una boca sellada.
Tu eres esa sonoridad que recoge la tarde
y resuena en mi oído,
eres estrella en un combate de relámpagos.
Un ver hondo a través de la fe,
un latir a ciegas en busca de la luz;
una verdad presente, afrontando la suerte
de los días.
Júbilo de mayo que nos abraza a todos.

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