domingo, 4 de septiembre de 2011


CUÉNTAME TUS HISTORIAS
tus amenas y recurrentes historias,
esas que aderezas con menudas especias,
y pétalos de rosa
y jugosos extractos con sabores de siempre.

Cuéntame tus historias:
a manera que a ti te las contaba la abuela,
en las noches de invierno
al amor del hogar.

Las más costumbristas,
semejantes a las del cuento de nunca acabar,
y también aquellas en las cuales se describen
notables hazañas de imaginarios superhombres.
Ah, y no dejes de lado:
la del mito de los fantasmas
que aparecen y desaparecen por la chimenea
difuminados entre el humo del hogar…

Cuéntame tus historias, ficticias o inventadas,
que hablen de epopeyas
de monstruos que se vengan.
Historias fabulosas, de príncipes valientes,
de nobles que nos salvan de todos los peligros.
Historias sin palabras, sin luz y sin testigos,
sin pausas ni silencios.
Únicamente tú mirada serena
y el pulso de mis sienes,
la súplica,
el anhelo...

Y con todo lo que la sombra hace oír.

La sacudida del viento en la arboleda
el crujir de las ramas
el temblor de las frágiles rosas,
el runrún persistente de las aguas
- ese silabeo de la lluvia en otoño -.

La palpitación de las palomas
sus batidas de alas,
el tronar estrepitoso
traspasando montañas y valles...

-         Más no te detengas ahí
porque es mucha la noche
y muchas las historias que recobrar
hasta colmar mi interés.

Tal es su sortilegio.

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