viernes, 9 de septiembre de 2011


En tanto que del índigo al violeta
la tarde va a esconderse en el ocaso,
una brisa, destemplada, se abre paso
siseando que la noche ya está ahí.

y en tanto el pobre seto a la intemperie
entre brillo lunar y oscura nube
de tanta irradiación agranda los colores,
los torna renegridos por infaustos;

tal es así que el verdor de las hojuelas,
el verde encanto que da forma al cercado,
cubre su fruto y altera su rutina.

Da enojo el cariz que toma el temporal.
Ay de la flor color añil y la violeta
a merced del inclemente vendaval.

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