La música se expande como las corrientes del tiempo.
Sube desde el centro de la tierra,
del vuelo de los pájaros,
de entre los labios del hombre;
del rechinar de sus dientes.
Y está en la lluvia,
en la rúbrica del viento,
en el firmamento, convertida en estrella.
La música no precisa espacio, está en el corazón:
restaña las heridas, serena el espíritu,
da alas a la fantasía,
está en tu nombre, en el corazón del hombre.
La música debe ir hacia las cosas construyendo una escala de arpegios
con el canto del hombre.
La música está más allá de los sometimientos.
Ella está en todas las cosas menos en la muerte.
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