viernes, 4 de noviembre de 2011

HE APRENDIDO que si algo asusta,
prestar oídos al corazón devuelve el sosiego.

He aprendido que si estás confusa,
únicamente la ternura hace el milagro
y devuelve al espíritu la serenidad.

He aprendido que ante el miedo,
el espacio de los ojos va: del efecto cegador
a la negrura del discernimiento.

He aprendido que el júbilo deslumbra,
torna ruborosa la mirada y
hasta la propia voz, se angosta entre los labios.

He aprendido que en el corazón
se desatan olas que sobrepasan a la edad
en un retorno inexorable hacia su origen.

He aprendido que la noche,
en su lobreguez, esconde los sueños
y deja desasida la voluntad del vivir.

He aprendido que el tiempo huye de nosotros
y nos deja irremediablemente atrás,
en la levedad de la luz.

He aprendido que si de puntillas llegó la aurora
un demorado mar, pausadamente,
puede alcanzar el borde mismo del arco iris.

He aprendido que una parte de mi
tira hacia la luz y la alegría,
y todo lo demás se deshace en el viento.

He aprendido a no creer en lo que ven mis ojos.

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