Si la luz de la fe...
Si la luz de la fe inundara con su claridad
las cumbres de la indiferencia.
Si el amargor que anida en el corazón de la humanidad
se disipase con una sonrisa franca.
Si la palabra sincera de unos labios amistosos
se llevasen el miedo que devora.
Si bastase una mirada para devolver la serenidad
a unos ojos extraviados.
Si en los dominios del tiempo un sereno sueño
restituyese el cansancio acumulado.
Si una chispa de misericordia prendiese la mecha del sentimiento
para dar calor al mundo.
Si llegase a ser posible que una sola verdad tuviese más poder
de convencimiento que la mejor recompensa.
Si el alto precio de la hipocresía no se pagara con gritos de
silencio.
Si la expresión no fuese el retrato lírico
de la incierta soledad.
Si del frío invernadero del pensamiento creciera
un ideal más fuerte que el interés.
Si alguna vez en los mapas del destino se eliminaran
las cruces en las que ya está escrita la suerte.
Si empuñando una tea de sol hermoseara
toda la campiña.
Si el fuego de un solo beso encendiese la antorcha
de la eterna felicidad.
Tal vez, entonces, de todas las gargantas, agnóstica o creyente,
brotase un ¡aleluya!

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