miércoles, 6 de junio de 2012


Bendito sea quién temprano sale de su casa, sin apurar la noche ni el sueño, sólo por el placer de ver el rayo matutino.
Bendito sea quién se adentra en el amanecer cada mañana, quién emprende el camino que nunca tiene fin.
Bendito sea quién sobre el suelo de Madrid se conduce con la marea de la vida, alza la vista hacia la ciudad y el sol; soporta el frío atroz y el bochorno de julio.
Bendito sea quién, reducido a una mancha desvaída de la sociedad, se desprende de las sombras y se echa a volar persiguiendo un atisbo de suerte.
Bendito sea quién agitando la cabeza remueve su voluntad para seguir en la brecha.
Bendito sea todo aquel que camina con su desnuda verdad, mantiene la entereza, anda con sobriedad y decoro, mira con la candidez de un niño y, ni la cruda realidad le vence.
Bendito sea quien en su dignidad se asienta y ni el temor ni el propio amor corrompe.
Bendito sea quién acude al silencio para oír su trino

No hay comentarios:

Publicar un comentario