Levanta corazón,
levántate, conmigo.
Deja el desánimo
aparte,
sobre las grises
baldosas de esta morada.
Tómame de tu
mano y llévame a la otra orilla,
más allá de las
aguas donde,
amarrada al
talle de una caracola
espera una
fantasía blanca,
buscando su alborada.

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