lunes, 4 de febrero de 2013


- ¿Te acuerdas de mí? –me interrogó aquel hombre de chaqueta gris y ojos azules, mientras esperaba el comprobante de compra para abonar la cuenta a la cajera de unos grandes almacenes.
Sorprendida, le miré un instante y respondí categórica.
-         Pues no, señor, no le reconozco.
-         Vamos, mujer, no finjas. Con lo bien que lo pasamos esa tarde...
-         Pero, ¿qué dice? No sé de lo que habla, ni a qué tarde se refiere.
-         ¡Cual ha de ser!: aquella en que nos divertimos como nunca, en el bar Del Plata.
-         Óigame bien, jamás he estado en ese sitio, ni a usted le recuerdo de nada; debe ser una confusión por su parte.
(La cajera, entre tanto, nos miraba y sonreía divertida) Y él, desconcertado ante la rotundidad de mi respuesta, formuló otra pregunta.
-         ¿Acaso, tú no eres María, la esposa de Antonio?
    -     No, señor, yo soy Ana, la mujer de Félix. 

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