La
muerte y la vida.
No se cansa la muerte de mendigar. Hoy ha venido a pedir.
Mi “vida” le ha dado pan, más eso no la contenta,
por ello le ha regalado un hermoso día de sol, restándoselo a
sí misma.
Se va…, aunque torna luego a llamar a la puerta, ¡ella es tan
desconcertante!
Mi “vida” le da a beber agua de la buena suerte.
Parece le supo a poco. Descarada se lo dice, mientras marcha.
Antes de lo acostumbrado hace acto de presencia, ya se conoce
el camino.
Llega con gesto marchito.
Mi “vida” siente aprensión y le brinda un buen descanso,
ofreciéndole su lecho, ha sabiendas de que no hay otro…
(Abusadora la muerte juega con su esplendidez)
Mi “vida, piensa”: Mañana descansaré. Y guardó vigilia.
Misericordiosamente, custodió a la masa imberbe.
Fundiéndose mi “vida” con las sombras, la muerte y su reposo.
A la mañana siguiente sin decir adios marchó.
No tardaría en hacer aparición y esta vez pidiendo “plata”.
y pareciéndola poco reclama una segunda dádiva.
(Cada vez exige más) ¡Ella es tan impertinente!
Mi “vida” miró el rostro descompuesto de la muerte y le cede
su alegría.
La infame se regodea…
Regresó una última vez, requiriendo todo cuanto “mi vida”
poseyera.
Mi “vida” desconcertada, en vez de enjuiciar lloraba.
Y no teniendo más que dar le cedió su corazón,
le entregó… su propia alma.
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