Cesto y Luna: Paseo por el Sena
La luna en forma de ce se
reflejaba en el agua oscura del río. Parecía ir tras la barca, como
persiguiéndola. En un momento dado dio un salto y se posó en los antebrazos de
Francois, que remaba con ganas. De ahí trepó hasta los hombros de Cecil Lescor,
jugueteó durante breves instantes con su rizada cabellera y luego comenzó a
deslizarse, suavemente, sobre su pecho, bajando más y más hasta quedar
suspendida en su cintura de avispa. Siguió resbalando hacia el suelo; pero no se
quedó quieta tampoco entonces, muy al contrario, como una centella pasó por
encima de los pies de Gean-Luc sin detener su avance hasta llegar al cesto
que se hallaba en un lateral del bote. Su diáfana claridad, creó un cerco
plateado en medio de las sombras más en un instante se coló dentro ocultándose
entre el tarro de paté, haciendo destellar el frasco de licor de anís,
recreándose sobre el molde de la tarta Tatín con la complacencia de saberse muy
segura allí.

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