Como perros perdidos en la
noche.
Para qué equiparse hasta la
frente
Para qué maniobrar con el
rencor
Para qué disimular
Para qué llorar por llorar
Para qué encararse contra los
demás hermanos
Para qué dar pasos de ciega
congoja o amargo desamparo.
Para qué.
Mejor, pelear por todos,
plantarle cara y batallar con
justa valentía
y en razón de una causa
esclarecida, como el amor,
o la amistad desinteresada.
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