Desde lo ignoto
¿No partió
la voz desde las gargantas de la noche a los augures del eco?
¿No volvió,
en su transfiguración, con el sonido argento de las aguas?
¿No
partieron las tribus de Israel a los desiertos?
¿No trajeron
los héroes las raíces de las cimas?
¿No buscó el
peregrino la clave de esta vida sin sonrisas
y en un
recodo intemporal del mundo halló la ciudad de la alegría?
¿No se
alejaron los pájaros hacia otras tierras ajenas
y volvieron
con una nueva primavera?
¿No
persiguió el trovador a la musa de los sueños azules
desde el
vergel de su imaginación?
¿No regresó,
en el colmo de su alegoría, con los dones mesiánicos del lumen?
¿No se
aventuró el hombre a descifrar el enigma de la inmortalidad
y retornó
con un pesar errabundo?
¿No vendrán
otra vez detrás de los vitrales del crepúsculo
los
fantasmas de la memoria y se darán cita en mi jardín insomne?
Más ¿qué
hacer hoy que nos otorgue otro abril,
otra
ribera donde poner los odios,
detener
las angustias
y afirmar
el manantial de sol de esta nueva fosforescencia?

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